El puente Sarmiento, uno de los principales corredores de circulación de San Miguel de Tucumán, podría ser reemplazado por una nueva estructura de seis carriles para resolver los graves problemas de congestión que afectan a miles de automovilistas diariamente. La Municipalidad cuenta con un proyecto cuya ejecución fue presupuestada en abril en $2.500 millones, aunque todavía no se anunció una fecha de inicio ni se confirmó el financiamiento necesario para concretarlo.
La intervención permitiría ampliar considerablemente la capacidad de circulación sobre la avenida Sarmiento, entre las calles Catamarca y Marco Avellaneda, donde el actual viaducto dispone de apenas ocho metros de calzada y dos carriles para el tránsito en ambos sentidos.
Construido alrededor de 1908, el puente fue diseñado para una ciudad con una cantidad de vehículos muy inferior a la actual. Más de un siglo después, sus dimensiones resultan insuficientes para absorber el movimiento de automóviles, motocicletas, colectivos, camiones, bicicletas y peatones que utilizan diariamente ese paso elevado.
La estructura tiene aproximadamente 260 metros de extensión y constituye una de las conexiones más importantes entre el centro y el sector norte de la Capital. Sin embargo, su reducida capacidad provoca demoras, especialmente durante los horarios de mayor circulación.
Un cruce estratégico con pocas alternativas
El problema se agrava porque existen pocas alternativas para atravesar el corredor ferroviario entre la calle 24 de Septiembre y la avenida Sarmiento.
Una de ellas es el túnel de calle Mendoza, ubicado entre Suipacha y Marco Avellaneda, que en distintas oportunidades quedó fuera de servicio debido a inundaciones provocadas por tormentas intensas, inconvenientes en el sistema de bombeo o hechos de vandalismo, entre ellos el robo de cables.
La otra opción es la calle San Juan, cuyo paso a nivel presenta un importante deterioro y también registra frecuentes congestionamientos.
Esta limitada disponibilidad de cruces convierte al puente Sarmiento en una infraestructura estratégica para el funcionamiento de la red vial urbana. Cualquier interrupción o reducción de su capacidad repercute sobre la circulación en una amplia zona de la ciudad.
Más de cinco décadas de anuncios sin concreción
La necesidad de ampliar el viaducto comenzó a discutirse al menos durante la década de 1970, cuando todavía no existían los túneles de las calles Mendoza y Córdoba.
El debate adquirió mayor relevancia durante los años 90, después de la reestructuración del sistema ferroviario, y volvió a instalarse con las transformaciones urbanas realizadas en las inmediaciones de Marco Avellaneda y Sarmiento.
A comienzos de los años 2000, durante la construcción de un supermercado sobre Catamarca al 1100, también se anunció un compromiso empresarial para colaborar con el ensanche del puente. Sin embargo, la intervención no llegó a concretarse.
En junio de 2022 se produjo otro anuncio oficial. El entonces ministro provincial de Obras Públicas, Fabián Soria, y el exsecretario municipal del área, Alfredo Toscano, comunicaron un acuerdo para avanzar con la ampliación del paso elevado.
En aquella oportunidad, las autoridades señalaron que la Provincia acompañaría un proyecto presentado por la Municipalidad, aunque la obra tampoco se materializó.
La discusión volvió a cobrar impulso durante los últimos meses, a partir de la reapertura del antiguo Mercado Sarmiento, actualmente denominado Mercado de la Ciudad, y de los planes de remodelación de la plazoleta Mitre.
Los legisladores José Seleme y Manuel Courel presentaron una iniciativa para intervenir integralmente la avenida Sarmiento en el tramo comprendido entre Catamarca y la plazoleta, con la ampliación del puente como una de sus principales propuestas.
El diputado nacional Mariano Campero también impulsó públicamente la necesidad de modificar la infraestructura y difundió imágenes de recorridos en bicicleta por el viaducto para mostrar las dificultades de circulación.
Por su parte, el concejal Federico Romano Norri presentó un proyecto de ordenanza destinado a reorganizar el sector, mejorar la seguridad vial y adecuar su capacidad a las necesidades futuras del tránsito.
Desde el Departamento Ejecutivo municipal también se planteó la necesidad de avanzar con una solución definitiva.
Durante la inauguración del Mercado de la Ciudad, realizada el 13 de agosto, la intendenta Rossana Chahla solicitó públicamente al gobernador Osvaldo Jaldo que la Provincia acompañara económicamente la intervención.
Según la información disponible, la Municipalidad tiene elaborado un proyecto cuyo presupuesto ascendía a $2.500 millones en abril de 2026.
Ese monto representaba aproximadamente el 0,7% del presupuesto municipal correspondiente al año, aunque el costo efectivo de ejecución deberá actualizarse cuando se defina la contratación de los trabajos.
Las alternativas que se analizan
La reforma del puente también apareció entre las principales preocupaciones planteadas durante las audiencias destinadas a elaborar el nuevo Código de Planeamiento Urbano de San Miguel de Tucumán.
En esos encuentros se analizaron diferentes alternativas, desde eliminar el viaducto para construir un paso ferroviario a nivel hasta incorporar pasarelas laterales para peatones y ciclistas o reemplazar completamente la estructura existente.
El arquitecto Luis Lobo Chaklián, exsecretario de Obras Públicas municipal y actual referente técnico de la actualización del Código de Planeamiento Urbano, consideró inconveniente suprimir el puente para habilitar un cruce a nivel.
Según explicó, esa opción implicaría un retroceso en materia de conectividad y requeriría intervenciones de gran complejidad.
También descartó que la construcción de pasarelas paralelas pudiera resolver por sí sola los problemas de congestión, debido a que únicamente permitiría incorporar al espacio vehicular el ancho que actualmente ocupan las estrechas veredas.
Para el especialista, la solución más adecuada sería construir un nuevo puente con al menos seis carriles de circulación, distribuidos en tres por cada sentido.
Lobo Chaklián anticipó que la propuesta impulsada por la intendenta contempla una estructura premoldeada, una modalidad constructiva que permitiría organizar la ejecución mediante componentes fabricados previamente.
Sin embargo, advirtió que la intervención demandaría mantener interrumpido el tránsito sobre el puente Sarmiento durante más de cuatro meses.
Ese cierre representaría uno de los mayores desafíos del proyecto, debido a la escasez de vías alternativas y al volumen de vehículos que actualmente utiliza el corredor.
La planificación de desvíos y la coordinación del tránsito durante los trabajos serán aspectos fundamentales para evitar que las dificultades se trasladen a otras calles de la Capital.
De los carruajes a la congestión actual
La dimensión del problema queda reflejada en la evolución histórica de la movilidad urbana. Cuando se construyó el puente, alrededor de 1908, la circulación motorizada era todavía incipiente.
Un relevamiento municipal de 1916, citado por el historiador Carlos Páez de la Torre (h), contabilizó apenas 16 automóviles de alquiler y 32 vehículos particulares, frente a 282 carruajes privados y otros 80 destinados al transporte de pasajeros.
Actualmente, el crecimiento del parque automotor y la expansión de la ciudad transformaron aquella infraestructura en un punto crítico de la red vial.
Por su extensión y función urbana, el puente Sarmiento se encuentra entre los pasos elevados más relevantes de San Miguel de Tucumán. Solo el puente Lucas Córdoba, que atraviesa el río Salí y conecta la Capital con Banda del Río Salí, presenta una dimensión y una importancia territorial comparables, aunque su administración involucra distintas jurisdicciones.
Después de más de cinco décadas de propuestas, anuncios y proyectos que no llegaron a ejecutarse, la ampliación del puente Sarmiento vuelve a ocupar un lugar destacado en la agenda de infraestructura urbana.
La definición pendiente será si el municipio y la Provincia consiguen acordar el financiamiento, establecer un cronograma y organizar las alternativas de circulación necesarias para reemplazar una estructura centenaria que ya no responde a las exigencias del tránsito actual.

