Más de la mitad de los trabajadores tucumanos continúa fuera del sistema formal: la tasa de empleo informal alcanzó el 56,2% en el primer trimestre de 2026, según el último informe de la Dirección de Estadística de la Provincia.
El relevamiento, que dirige Santiago Costa, muestra una leve mejora respecto del 59,9% registrado en el último trimestre de 2025, pero la precarización sigue golpeando con fuerza a mujeres, jóvenes y a sectores como el comercio, la construcción y los servicios.
Qué dice el informe provincial
El indicador contempla a asalariados, trabajadores por cuenta propia, empleadores y trabajadores familiares sin remuneración. En el caso de los asalariados, el empleo no registrado afecta al 44,8%, lo que equivale a unas 120.000 personas que trabajan sin los beneficios de la formalidad.
La informalidad se concentra fuertemente en tres actividades: el comercio concentra el 34,9% del total; hoteles y restaurantes, el 11%; y la construcción, otro 9%. Le siguen el servicio doméstico (9%), la industria manufacturera (8,9%) y otros servicios comunitarios, sociales y personales (7,6%).
El avance del cuentapropismo
Uno de los datos más llamativos es el crecimiento sostenido del trabajo independiente. Los cuentapropistas representan el 40,5% del universo de trabajadores informales, mientras que los empleadores apenas llegan al 2,1%. Este fenómeno también se replica a nivel nacional: según el Indec, en los principales aglomerados urbanos hay 13,47 millones de ocupados, de los cuales el 24,2% trabaja por cuenta propia.
En Tucumán, aproximadamente el 60% de los monotributistas (unos 115.000 trabajadores) desarrolla actividades bajo la modalidad de cuentapropismo, una alternativa que se consolidó después de la pandemia de Covid-19 como forma de complementar o sostener los ingresos familiares.
Perfil de los trabajadores informales
El informe también revela un fuerte componente demográfico: las mayores tasas de informalidad se dan entre personas de 30 a 64 años. En el caso de las mujeres, ese segmento representa el 32,3% del total de trabajadoras informales; entre los varones, el 28,8%.
Por nivel de calificación, predominan los trabajadores operativos, que concentran el 63,4% del empleo informal. Les siguen los no calificados (25,9%), los técnicos (9,3%) y los profesionales, cuya participación apenas alcanza el 1,4%.
En cuanto a los lugares de trabajo, el 42% se desempeña en locales o puestos fijos; el 18,9% lo hace desde viviendas sin espacio exclusivo para la actividad; el 15% presta servicios en el domicilio del empleador o cliente; y el 5,9% trabaja de manera ambulante o en puestos móviles.
Las causas estructurales según los especialistas
Más allá de las estadísticas, los especialistas advierten que la elevada informalidad responde a causas estructurales. Paul Segal, profesor de Economía del IAE Business School, sostiene que Argentina presenta una aparente contradicción: pese a tener una extensa regulación laboral y una importante capacidad de recaudación, más del 40% del empleo sigue fuera de los registros formales.
Para el economista, la explicación tradicional basada en la evasión empresarial o en la falta de controles estatales resulta insuficiente. A su entender, gobiernos, empresas, trabajadores y sindicatos enfrentan incentivos contradictorios que favorecen la permanencia de esquemas híbridos.
Segal explica que los gobiernos buscan ampliar la recaudación pero también sostener el empleo y mantener márgenes de flexibilidad política. Las empresas cuestionan la competencia informal aunque muchas veces dependen de proveedores o empleados no registrados. Y los trabajadores valoran la protección del empleo formal, pero también encuentran ventajas en la flexibilidad que ofrece la economía informal.
Como consecuencia, proliferan modalidades mixtas: empresas registradas que emplean trabajadores sin registrar, empleados parcialmente formalizados o cadenas productivas donde conviven prácticas formales e informales. Esa combinación de costos y beneficios para todos los actores explica por qué la informalidad sigue siendo uno de los principales desafíos del mercado laboral argentino y, particularmente, del tucumano.

