lunes, agosto 24, 2026

Bessent interviene en el mercado de bonos: ¿logrará calmar a los inversores o la tensión persistirá?

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, salió al frente para contener el nerviosismo en el mercado de bonos de largo plazo, tras el fracaso del acuerdo con Irán y el consecuente aumento del precio del petróleo. Con recompras de deuda, busca evitar una escalada en las tasas de interés que amenace la estabilidad financiera.

La promesa de una paz inminente con Irán, que había calmado la ansiedad en la curva de rendimientos, se desvaneció. En cambio, se anunciaron sanciones económicas “nunca vistas”, lo que disparó el barril de Brent por encima de los 90 dólares. Wall Street, que había confiado en esa tregua, ahora enfrenta un escenario de mayor incertidumbre.

La reacción de los bonos no fue un estallido repentino como el “taper tantrum” de 2013, sino una irritación que escaló gradualmente. Bessent intervino antes de que el malestar se convirtiera en una crisis abierta, aunque su objetivo no es resolver el déficit fiscal ni recortar la deuda, sino aliviar la presión en el corto plazo.

Desde que asumió Trump, Bessent recibió la instrucción de bajar las tasas largas, y lo logró durante un tiempo. En enero del año pasado, la tasa del bono a 10 años tocó un máximo de 4,80%, pero luego descendió de forma sostenida hasta que estalló la guerra en Irán. A pesar del crecimiento del déficit y la deuda pública, no hubo crisis cuando se aprobó el paquete de rebaja de impuestos ni cuando la Corte Suprema ordenó devolver lo recaudado por aranceles mal cobrados.

La estrategia de Bessent consistió en acortar la duración de las emisiones de deuda, aumentando el peso de las letras del Tesoro, que hoy representan el 22% de la deuda negociable, frente al 10-15% de hace una década. Así convenció a los inversores de que el déficit sería absorbido por el tramo corto de la curva, lo que hizo que la aprobación del paquete impositivo fuera un “non event”.

También incrementó las recompras de deuda, una herramienta que había sido abandonada en 2002 y que Janet Yellen retomó en 2024. Ahora, Bessent anunció que ampliará estas recompras, aunque el monto anunciado de 14 mil millones de dólares es pequeño en comparación con los 32 billones de deuda en manos del público. Sin embargo, la señal es importante para el mercado.

La guerra en Irán, que comenzó el 27 de febrero, cambió el panorama. La tasa del bono a 10 años, que había tocado un mínimo de 3,93% el 3 de marzo, llegó a rozar 4,75% a mediados de agosto. El bono a 30 años alcanzó un rendimiento de 5,33%, el más alto en 25 años. Bessent intervino antes de que la situación se descontrolara.

El aumento del precio del crudo, que pasó de 60 dólares el barril a principios de año a más de 90 dólares, no ha alterado las expectativas de inflación a mediano plazo, pero sí ha elevado las tasas reales de interés. La inversión en inteligencia artificial también ha contribuido, ya que las grandes empresas tecnológicas han emitido deuda a largo plazo, como Alphabet con su bono centenario.

La Reserva Federal, liderada por Kevin Warsh, ha mantenido las tasas sin cambios, lo que ha añadido presión sobre las tasas largas. Bessent espera que la Fed actúe con independencia para reforzar su credibilidad, incluso con un aumento modesto de un cuarto de punto en la tasa de fondos federales.

En el corto plazo, las recompras adicionales del Tesoro cesarán el 4 de noviembre, un día antes de las elecciones de mitad de término. Un posible acuerdo con Irán que reabra el estrecho de Ormuz podría cambiar el escenario, pero hasta entonces, Bessent deberá lidiar con la incertidumbre.

Los mercados ya han reaccionado: las tasas subieron en el tramo intermedio de la curva (de 2 a 7 años), mientras que el dólar se ha debilitado y el bitcoin ha tenido un rally. La Bolsa, que temía un berrinche de los bonos, ve con buenos ojos la intervención del Tesoro, aunque sea considerada una medida desprolija.

Bessent presentó las recompras como una operación de soporte de liquidez, comprando bonos ilíquidos de largo plazo y financiándolos con nuevas emisiones más líquidas y de menor costo. Sin embargo, algunos analistas dudan de que esto reduzca significativamente las tasas de las emisiones líquidas. La primera transacción se ejecutará el 9 de septiembre y será clave para evaluar su efectividad.

El Tesoro cuenta con una posición de flexibilidad gracias a sus tenencias de cash, que rondan los 900 mil millones de dólares. Esto le permite reducir las colocaciones de nueva deuda si los mercados lo confrontan. Pero ganar esta pulseada no evitará la erosión de la credibilidad del Tesoro, que podría verse reforzada si la Fed actúa con independencia.

En definitiva, Bessent busca contener la suba de las tasas largas con herramientas de corto plazo, pero el éxito dependerá de factores externos como la evolución del conflicto con Irán y las decisiones de la Fed. La intervención del Tesoro es un parche que podría aliviar la presión momentáneamente, pero no resuelve los problemas de fondo.

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