Wall Street retomó la senda de los máximos históricos tras la caída del petróleo y un débil informe laboral que aliviaron la presión sobre los bonos. El mercado apuesta a que la Casa Blanca logrará un entendimiento con Teherán para reabrir el estrecho de Ormuz.
La semana pasada fue la mejor para la Bolsa desde abril. El S&P 500 y el Dow Jones Industrial volvieron a tocar récords, algo que no ocurría desde el 2 de junio. El crudo Brent se derrumbó casi 8%, impulsado por la expectativa de que se resuelva el conflicto en el estrecho de Ormuz, aunque Washington no participa directamente en las negociaciones entre Irán y Omán.
La promesa de un acuerdo
El presidente Donald Trump y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, insistieron durante toda la semana en que habrá un acuerdo “en un día o dos”. Los inversores tomaron esa promesa como un hecho, a pesar de que la iniciativa está en manos de Teherán y que la reapertura del estrecho podría llevar tiempo. Esta expectativa frenó el alza incesante de la curva de bonos, un alivio clave para evitar una crisis similar al “taper tantrum” de 2013.
Bessent, que ya intervino para apoyar al yen japonés, necesita que la renta fija global se tranquilice para que su estrategia cambiaria funcione. Los llamados “bond vigilantes” aceptaron la promesa sin objeciones, confiando en que un acuerdo con Irán y la caída de la energía ayudarán a contener la inflación y las tasas.
Datos laborales débiles, alivio en los mercados
En julio, Estados Unidos destruyó 23.000 puestos de trabajo netos, cuando se esperaba la creación de 88.000. Las cifras de mayo y junio también fueron revisadas a la baja, con 103.000 empleos menos de lo reportado inicialmente. Lejos de preocupar, esta debilidad fue recibida con alivio: las tasas de interés cayeron de inmediato y la curva de rendimientos se retrajo entre 9 y 10 puntos base en la semana, quebrando el ascenso que venía desde fines de junio.
La Bolsa aceleró su rally: el S&P 500 y el Russell 2000 subieron 3,5%, el Nasdaq más de 5% y el índice SOX de semiconductores explotó 9,2%. Wall Street confía en la fortaleza de la economía y en el poderío de la inteligencia artificial, aunque la creación de empleo se haya desacelerado.
La depuración bursátil y el rol de la IA
Las dudas sobre la rentabilidad de los data centers quedaron atrás después de una fuerte corrección en junio y julio. Los fondos ETF apalancados perdieron más de 60.000 millones de dólares desde su pico, y un fondo estrella de IA, Situational Awareness, tuvo que malvender su cartera a Citadel por los margin calls. Esa operación en bloque marcó el punto de inflexión que relanzó el mercado.
Si las condiciones financieras se relajan y los bonos se calman, la suba podría continuar. Los futuros de Chicago ahora asignan un 57% de probabilidades a que la Fed mantenga las tasas en el rango actual de 3,50%-3,75% en septiembre, en lugar de subirlas un cuarto de punto.
La Fed y la presión sobre Warsh
El presidente de la Fed, Kevin Warsh, enfrenta disidencias internas: tres presidentes de distrito votaron en contra de su propuesta de tasas estables, y otros dos expresaron su desacuerdo públicamente. Alberto Musalem, de la Fed de Saint Louis, fue particularmente crítico y sugirió que la Fed debería haber subido las tasas para reforzar su credibilidad.
Warsh necesita que la inflación de esta semana no sorprenda y que se concrete el acuerdo con Irán para justificar su inmovilidad. Una Fed inactiva hasta después de las elecciones podría explicarse por razones genuinas y no políticas. Mientras tanto, Wall Street parece no necesitar tanto: si la IA sigue siendo la fuerza impulsora, el rally podría convivir con tasas más altas, aunque un banco central quieto y bonos estables serían aún mejores.

