El magistrado del Tribunal Supremo de Brasil, Alexandre de Moraes, bloqueó este sábado la visita que el presidente argentino Javier Milei tenía prevista para la próxima semana al exmandatario Jair Bolsonaro, quien cumple arresto domiciliario en Brasilia.
La decisión judicial se fundamenta en el endurecimiento de las condiciones de detención de Bolsonaro, luego de que violara medidas cautelares al hacer campaña política a favor de su hijo, el senador Flávio Bolsonaro. La restricción impide cualquier visita de carácter social, electoral o político y se mantendrá vigente hasta las elecciones generales de 2026.
Milei había confirmado su intención de viajar el 25 de este mes a San Pablo para participar en el acto donde Flávio Bolsonaro será proclamado candidato presidencial, y luego trasladarse a Brasilia para ver a Jair Bolsonaro. En declaraciones a radio Now Now 97.9, el mandatario argentino afirmó: “El 25 viajo a Brasil, que lo ungen candidato a Flávio Bolsonaro, y voy a estar en San Pablo. Después voy a hacer un paso por Brasilia para ver a Jair Bolsonaro”.
Sin embargo, el fallo de De Moraes considera que cualquier encuentro con Milei tendría fines políticos prohibidos bajo el actual régimen de reclusión de Bolsonaro, quien cumple una condena de 27 años por delitos relacionados con un intento de golpe de Estado. El beneficio de prisión domiciliaria se le otorgó por razones humanitarias debido a su estado de salud, pero su conducta fue errática: la Justicia señaló intentos de sortear medidas cautelares mediante redes sociales, la ruptura de su tobillera electrónica y el hallazgo de una pistola a su nombre en manos de un guardaespaldas.
Un viaje que expone tensiones diplomáticas
Para el gobierno de La Libertad Avanza (LLA), esta prohibición representa un límite concreto a su estrategia de construcción de poder regional basada en la afinidad personal. Mientras Milei defiende sus viajes internacionales como herramientas para atraer inversiones y profundizar vínculos con líderes afines, su visita a Brasil se perfila como un desafío diplomático directo al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. Al intentar visitar a un condenado por sedición mientras ignora los canales oficiales, el presidente argentino pone en riesgo la estabilidad de la relación bilateral más importante para la Argentina, priorizando la foto política por sobre los intereses comerciales y estratégicos del país.

