El mercado laboral de Estados Unidos sumó 162 mil puestos netos en agosto, cuando se esperaban apenas 55 mil, en una señal de fortaleza que contrasta con la desconfianza que domina a los mercados de bonos. La economía real, impulsada por la inversión en inteligencia artificial, crece a buen ritmo, pero la inflación persistente y la presión de la Casa Blanca ponen al nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ante su primera gran prueba.
El dato oficial de empleo, difundido el viernes, superó con holgura las proyecciones del mercado y confirmó que la desaceleración que había preocupado a la Fed a fines de 2025 quedó atrás. Entre febrero y noviembre del año pasado, la tasa de desempleo había escalado medio punto hasta 4,5%, lo que llevó al banco central a recortar las tasas en tres oportunidades entre septiembre y diciembre. Pero en lo que va de 2026 el desempleo fue cediendo mes a mes hasta estabilizarse en 4,1% en julio y agosto.
La cifra de agosto, sin embargo, debe leerse con cautela. En mayo, la primera estimación había arrojado 172 mil nuevos puestos, que luego fueron revisados a la baja hasta 63 mil. Las correcciones de junio y julio, en tanto, sumaron 51 mil empleos adicionales. El promedio de los últimos seis meses quedó en 106 mil, muy por encima del de los últimos doce meses, que es de 50 mil, lo que marca una clara mejoría. Las búsquedas laborales, aunque se redujeron, todavía superan a la cantidad de personas desocupadas.
La inflación, el punto débil
El principal dolor de cabeza sigue siendo la inflación, que en julio se ubicó en 3,7%, lejos de la meta del 2% que la Fed persigue desde 2021. La convergencia hacia ese objetivo, que era visible hasta comienzos de 2025, se interrumpió por los shocks que provocó la guerra comercial impulsada por Donald Trump y, este año, por el conflicto en Irán, que disparó los precios de la energía y de otros insumos.
En ese contexto, la economía real muestra una resiliencia notable. El PBI creció 1,8% anualizado en el primer semestre, con un avance del 3% en las compras finales del sector privado. Para el tercer trimestre, el consenso del mercado espera un ritmo superior al 2%, mientras que el pronóstico en tiempo real de la Fed de Atlanta arriesga un 4,7%. La inversión, que suele ser muy sensible a las tasas largas, no se resiente gracias al vértigo por construir infraestructura para la inteligencia artificial.
Ese auge inversor, no obstante, podría no durar para siempre y desembocar en un aterrizaje brusco. Por ahora, lo que domina es la bonanza, no la amenaza de una crisis.
La batalla de Warsh
La solidez de la economía no alcanza para calmar a los mercados de deuda. La desconfianza sobre el Tesoro estadounidense se profundizó: el Banco Central de Holanda trasladó a Londres 86 toneladas de oro que tenía depositadas en Estados Unidos y Canadá, en prevención de una eventual situación de crisis. La decisión se ejecutó entre marzo y agosto, en paralelo al recrudecimiento de la guerra en Irán, que mantiene bloqueado el estrecho de Ormuz y presiona los precios del crudo. El Brent ronda los 96 dólares por barril.
La tasa del bono a 10 años subió 7 puntos base en la semana, aunque el secretario del Tesoro, Scott Bessent, logró evitar una convulsión mayor con una promesa tácita de intervención, al estilo del “whatever it takes” de Mario Draghi. Bessent, que participa de las operaciones en Irán, asegura que “con Warsh estamos en la misma página en materia de bonos”.
La Casa Blanca, en cambio, presiona para que la Fed baje las tasas. Trump exigió el viernes, tras conocerse el informe de empleo, que el directorio reduzca los tipos, y ofreció un trueque inédito: “Bajen las tasas o dejo de comerciar con los países con los que EEUU tiene déficit”. Un día antes, el vicepresidente JD Vance había expresado la misma postura y sentenció: “Es lo que corresponde y lo responsable”.
La credibilidad de Warsh, sin embargo, está en juego. El gobernador Chris Waller repitió sus dichos de la fallida reunión de julio y anticipó que votará por mantener las tasas si la inflación mejora, o por aumentarlas si no es así. Pero mientras a Waller le creen, al chairman no. Los mercados descuentan que Warsh encontrará excusas para no tocar las tasas, y eso erosiona su autoridad.
La reunión del banco central del 15 y 16 de septiembre será un campo de batalla decisivo. Bessent podría evitar una colisión si convence a Trump de pactar una tregua en el Golfo que descomprima Ormuz y los precios de la energía, dándole una coartada a Warsh para llegar a las elecciones de noviembre sin sobresaltos. Si no lo logra, Warsh deberá mantener alineada a la mayoría de la Junta de Gobernadores para no arruinar su liderazgo, y contará con el apoyo de Michael Barr, John Williams y, posiblemente, de Jerome Powell, quien hasta ahora guarda silencio pero conoce el desafío que le espera.

