La calle Frías Silva, durante años la alternativa más elegida para esquivar los embotellamientos del Camino del Perú y llegar a Yerba Buena desde San José, comenzó a mostrar los mismos síntomas de saturación que buscaba evitar. El aumento del parque automotor, la expansión urbana del noroeste del Gran San Miguel de Tucumán y la ausencia de nuevas vías de conexión la convirtieron en otro punto crítico de la movilidad metropolitana.
La arteria conecta San José con avenida Fanzolato y desemboca luego en avenida Perón, uno de los ingresos principales a la Ciudad Jardín. Con el correr de los meses, el crecimiento sostenido del tránsito modificó ese panorama: en los horarios de mayor circulación el flujo vehicular no se detiene y el pavimento acusa un deterioro visible.
La paradoja es que tomar Frías Silva ya no asegura una reducción significativa en los tiempos de viaje. Para llegar a esa calle desde San José, los conductores deben atravesar antes uno de los tramos más conflictivos de la ruta provincial 315, entre la plazoleta San Cayetano —ingreso a Lomas de Tafí— y la sede de la Sociedad Rural.
Ese sector concentra algunos de los mayores inconvenientes del Camino del Perú. En horas pico la circulación queda prácticamente saturada y la presencia de agentes de tránsito en distintos cruces obliga a detener la marcha una y otra vez, generando largas filas de vehículos.
El nudo de Camino del Perú, Italia y Frías Silva
Uno de los puntos más complejos está en la intersección de Camino del Perú con Italia y Frías Silva. Allí, en numerosos momentos del día, los automovilistas deben esperar dos e incluso tres ciclos completos del semáforo para poder cruzar.
La escena se repite a diario. Aunque la luz cambie a verde, muchos vehículos no logran avanzar por la congestión. La demora genera impaciencia entre los conductores, las motocicletas buscan espacios entre los autos y algunos intentan girar a la izquierda pese a que esa maniobra está prohibida, lo que obstaculiza aún más la circulación.
Gonzalo, que trabaja en un comercio de artículos de limpieza en esa esquina, describió la situación como especialmente riesgosa. Según indicó, las esperas reiteradas llevan a que algunos conductores aceleren incluso con el semáforo en rojo, lo que deriva en bocinazos, frenadas bruscas y discusiones frecuentes, agravadas por quienes hacen giros indebidos.
Mariano, empleado de un comercio polirrubro de la zona, coincidió con ese diagnóstico. A su entender, el volumen de tránsito ya supera ampliamente la capacidad de la arteria y el sistema semafórico instalado en Italia y Frías Silva resulta insuficiente para ordenar semejante circulación.
El joven advirtió además sobre otra conducta reiterada: automovilistas y, sobre todo, motociclistas que aceleran cuando el semáforo pasa a amarillo y terminan cruzando la intersección con la luz roja. Consideró que, de intensificarse los controles, las infracciones diarias serían numerosas.
Mediodía y después de las 20: los peores momentos
Los comerciantes coinciden en que el mediodía y las horas posteriores a las 20 concentran los mayores niveles de congestión. Son justamente esos momentos cuando más vecinos optan por Frías Silva para intentar evitar el Camino del Perú.
En condiciones normales, usar esta vía alternativa permite ahorrar apenas dos o tres minutos respecto del recorrido habitual, sobre todo porque evita el semáforo de la intersección de las avenidas Perón y Belgrano. Ese beneficio se reduce a medida que más conductores eligen el mismo trayecto.
Según relatan quienes trabajan en la zona, en los últimos meses Frías Silva y avenida Fanzolato empezaron a mostrar imágenes similares a las del Camino del Perú: filas extensas de vehículos, circulación lenta, dificultades para sobrepasar y una convivencia compleja con lomos de burro y varias líneas de transporte público que recorren la arteria.
Ante ese escenario, muchos vecinos se preguntan si Frías Silva sigue siendo una alternativa válida o si ya se transformó en una prolongación del mismo problema vial que intentaba evitar.
Un crecimiento urbano que presiona sobre los accesos
Detrás de esta situación hay una transformación urbana mucho más amplia. Miles de personas que viven en sectores como Lomas de Tafí, barrios Oeste I y II, Congreso, urbanizaciones privadas de San Miguel de Tucumán, Alto del Cevil I, II y III, Alto Verde, Villa Carmela y Cebil Redondo desarrollan gran parte de sus actividades cotidianas en Yerba Buena.
Aunque no residan en el municipio, allí llevan a sus hijos a las escuelas, hacen compras en supermercados y centros comerciales, asisten a clubes deportivos, bares y cafés, y cumplen con sus actividades laborales. Esa vinculación intensa convierte a Yerba Buena en un destino diario para una población metropolitana considerable.
Como consecuencia, la necesidad de accesos rápidos y seguros crece al mismo ritmo que la expansión urbana. Las alternativas disponibles, en cambio, son cada vez más limitadas y las principales arterias comparten los mismos síntomas: exceso de vehículos, demoras constantes, maniobras imprudentes y cruces conflictivos.
Mientras el desarrollo inmobiliario sigue avanzando y la circulación supera en horas pico los 2.000 vehículos por hora sobre la ruta provincial 315, muchos conductores recurren incluso a caminos rurales y huellas de tierra para escapar de los embotellamientos. El problema estructural, sin embargo, persiste y alcanza de a poco a calles que, como Frías Silva, parecen haber llegado al límite de su capacidad.

