La planta que Topper mantiene en Aguilares es hoy el único centro de producción de la marca en la Argentina. Allí se sostiene una historia que arrancó en 1975, sobrevivió a cambios de mercado y crisis económicas, y ahora enfrenta nuevos desafíos industriales. El repaso por la trayectoria de la firma y la situación actual de la fábrica lo hizo el consultor comercial Mathías Schusterman en una publicación de Instagram.
Un nacimiento ligado al tenis y a una anécdota
Topper nació en 1975, cuando Alpargatas decidió desarrollar una línea de calzado deportivo de alto rendimiento. Para impulsar el proyecto convocó a Guillermo Vilas, por entonces una de las figuras más reconocidas del tenis argentino. Según cuenta Schusterman, el nombre de la marca surgió de una anécdota cotidiana: un directivo se inspiró en su perro, llamado Toper.
Uno de los modelos más recordados fue la zapatilla Profesional, fabricada en lona y con suela de caucho. Su diseño blanco con detalles azules y rojos remitía a las normas de vestimenta de Wimbledon. Aunque la marca nació ligada al deporte, su expansión más fuerte llegó por otro camino: las escuelas y los patios de todo el país.
De las canchas a los colegios y al rock
Durante las décadas de 1980 y 1990, Topper se volvió una presencia habitual entre estudiantes. La resistencia del calzado y su precio accesible ayudaron a que atravesara distintas generaciones. Con el tiempo, también fue adoptada por jóvenes vinculados al rock y a la estética rolinga, que solían llevar las zapatillas gastadas o intervenidas con birome. Así, un producto pensado para la actividad deportiva se convirtió en parte de una identidad cultural.
En el repaso publicado por Schusterman, la historia de la marca aparece atravesada por los cambios en la economía y en la competencia. Durante los años noventa, la apertura de las importaciones facilitó el ingreso de millones de pares desde Brasil a precios bajos, mientras las marcas multinacionales ganaban terreno. La compañía tuvo que adaptarse a un escenario que presionaba sobre la producción local y sobre sus ventas.
La crisis de 2001 y el giro estratégico
La crisis también golpeó a Alpargatas: en 2001, la firma ingresó en concurso de acreedores. Al año siguiente, la producción llegó a uno de sus registros más bajos, con 1,6 millones de pares fabricados, según los datos que Schusterman incluyó en su publicación. Frente a ese panorama, la empresa resolvió no disputar directamente el segmento más alto del mercado a las grandes compañías internacionales y concentrarse en una producción de mayor volumen.
Parte de esa estrategia consistió en fabricar calzado de lona incluso para marcas competidoras. El giro coincidió con una recuperación de las ventas: en 2005, Topper comercializó 5,5 millones de pares y alcanzó, de acuerdo con el repaso de Schusterman, el 35% del mercado argentino, superando en volumen a las dos principales marcas multinacionales juntas.
El presente de la planta tucumana
La situación actual de la planta vuelve a poner el foco en la continuidad industrial de la marca. Bajo el control de capitales brasileños, la fábrica de Aguilares quedó como el único centro de producción de Topper en la Argentina. Schusterman señala que en los últimos dos años se perdieron alrededor de 150 puestos de trabajo y que la actividad de la planta se encuentra por debajo de su capacidad.
A ese cuadro se suma una medida adoptada en abril que, según el posteo, autorizó el ingreso al país de partes desarmadas procedentes de China para su ensamblaje local. El dato se incorpora a un debate más amplio sobre el futuro de la producción nacional, el empleo y el lugar que ocuparán las fábricas argentinas en un mercado con una oferta cada vez más globalizada.
Schusterman plantea que Topper conserva un valor difícil de reproducir: la historia de la marca y la memoria de quienes la usaron durante su infancia y juventud. En un mercado donde los modelos retro y las siluetas clásicas mantienen atractivo, la planta de Aguilares representa el vínculo entre ese legado y la posibilidad de sostener producción en el país.
El recorrido de Topper reúne deporte, escuela, música y cambios económicos. Su historia empezó hace más de cinco décadas y sigue teniendo un capítulo abierto en Tucumán, donde la actividad de la fábrica de Aguilares concentra hoy buena parte de las preguntas sobre el futuro de la marca en la Argentina.

