miércoles, septiembre 2, 2026

Las tasas largas vuelven a presionar a Bessent y la Fed de Warsh queda en la mira global

La suba de las tasas largas vuelve a encender alarmas en los mercados globales. El auge inversor de la inteligencia artificial, la guerra en Irán y el encarecimiento de la energía empujan al alza los rendimientos de los bonos, según el análisis de Gordon Gekko en Diálogos de Wall Street.

En la columna publicada este martes, Gekko sostiene que la presión no responde únicamente al déficit fiscal y analiza qué margen tienen el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y la Reserva Federal, presidida por Kevin Warsh, para evitar una crisis.

IA, guerra y energía: los motores de la suba

Gekko afirma que el ciclo económico actual está impulsado por la promesa de la bonanza de la inteligencia artificial. “La hora de ocuparse del desarreglo fiscal no llegó hace cinco minutos”, dice, y descarta que el déficit sea la causa principal del comportamiento de las tasas.

En su diálogo con el periodista, señala que Bessent logró bajar las tasas largas desde que asumió hasta marzo, pero después ya no. “Lo que cambió el panorama es la guerra en Irán, el encarecimiento de la energía y el boom inversor que trajo la IA”, explica.

Para Gekko, se trata de dos shocks superpuestos: una guerra que iba a ser breve y se prolonga, y una ola de inversión en IA que no muestra signos de agotamiento. El cierre del estrecho de Ormuz provocó la disrupción del mercado de energía más grande de la historia, según la Agencia Internacional de la Energía, aunque su impacto en el precio del crudo fue menor que el de la guerra de Ucrania en 2022.

El rol de la IA en las tasas reales

Uno de los puntos centrales del análisis es que el motor principal del aumento de las tasas de interés reales es el salto de la IA. A diez años, las tasas nominales subieron 75 puntos base desde marzo y las reales explican 70 de ellos.

“El problema es acomodar a los dos en simultáneo”, afirma Gekko. La economía crece pero el déficit no se reduce, el gasto público primario no es sensible a las tasas y el gasto por intereses crece con rezago. Bessent intenta quitarle duración a las emisiones de deuda pública, pero las emisiones corporativas de los hiperescaladores lo compensan, y el pool de ahorros disponible es uno solo, lo que empuja las tasas hacia arriba.

El columnista menciona un fenómeno de crowding out visible en el mercado inmobiliario, que sí se resiente por las altas tasas de interés.

Bessent, entre la deuda y la operación iraní

Consultado sobre si Bessent fracasó en su intento de pacificar las tasas largas con una amenaza de intervención, Gekko responde con ironía: “¿Usted lo ve muy nervioso? Le hizo perder plata a Stanley Druckenmiller, su expatrón, y parece disfrutarlo”.

Sin embargo, reconoce que la saga continúa. Bessent refinanció deuda larga hace un par de semanas: colocó 42 mil millones de dólares a 10 años al 4,68% y hoy está 10 puntos base arriba. También emitió 25 mil millones a 30 años al 5,22%, con un rendimiento actual de 5,25%, aunque llegó a estar en 5,34% antes del anuncio de recompra.

Para Gekko, la prioridad de Bessent no son los bonos sino la operación iraní. “Estamos en una escalada”, advierte, y plantea el escenario de que el barril se dispare a 100 dólares. En ese contexto, Bessent hizo saber que cuenta con un billón de dólares depositados en la Fed.

La Fed de Warsh bajo la lupa

Gekko critica duramente la gestión de Kevin Warsh al frente de la Reserva Federal. “Warsh fracasó en la segunda reunión que presidió a fines de julio”, sostiene. “La conferencia de prensa fue terrible. No supo explicar la decisión de no subir las tasas ni cuál era su método”, agrega.

También señala que los tres disidentes justificaron bien su propuesta de ajustar las tasas con moderación, y que una pequeña suba en julio hubiera aliviado el dolor de cabeza. “Warsh abolló la parte larga de la curva con su gaffe”, afirma.

Bessent habló ayer profusamente de política monetaria, sin decir qué debería hacer Warsh, pero señaló que no era usual que la Fed subiera las tasas por un shock de oferta y aseguró que ambos están “en la misma página”.

Gekko cierra con una reflexión: la actividad económica no se resintió, con una tasa de desempleo del 4,1% y ocupación plena. El shock de la energía repercutió en más inflación, mientras la IA, que algunos ven como fuerza desinflacionaria, hoy impulsa la demanda de inversión y de financiamiento. “La idea de la suba de tasas, en ese marco, es muy razonable”, concluye, aunque advierte que sostener todo junto “es pretender el oro y el moro”.

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