El presidente Javier Milei se formó como arquero en las divisiones juveniles de Chacarita y también jugó en un equipo no federado de San Lorenzo. Exjugadores, entrenadores y psicólogos deportivos analizan cuánto de aquel puesto sobrevive en su gestión, marcada por la soledad, la resiliencia y la necesidad de “bancársela”.
La figura del arquero siempre tuvo un lugar especial en el imaginario popular. Diego Maradona solía resumirlo con una frase: “¿Y… qué querés? Es arquero”. Una sentencia que, aplicada a Milei, invita a pensar si su pasado bajo los tres palos explica su forma de gobernar.
Milei no llegó a ser profesional, pero sus excompañeros de la categoría 70 de Chacarita lo recuerdan como un arquero que se tiraba de cabeza a cualquier pelota. Le decían “El Loco”, en alusión a Hugo Gatti. En San Lorenzo, otro compañero lo definió como “un arquero volador”, aunque condicionado por su baja estatura.
“Hay que estar medio loco”
Osvaldo Soriano, en su cuento El penal más largo del mundo, retrata al Gato Díaz, un arquero que tarda una semana en atajar un penal por una promesa amorosa. “Tenés que ser medio loco para ser arquero, y tener una personalidad especial”, dijo a Ámbito Carlos Castagneto, diputado nacional y exarquero de San Lorenzo.
Castagneto, que también pasó por Gimnasia de La Plata y clubes de Colombia, Chile, Perú y Paraguay, no considera a Milei un “par” por no haber sido profesional, pero reconoce que el arco da cualidades para la política. “Desde el arco ves todo, fortaleza y debilidad de cada compañero. En el arco sos un segundo DT”, explicó. Sin embargo, no ve esas virtudes en el Presidente: “El arquero tiene que medir los tiempos… En eso Milei, nada. Parece más un marcador central”.
Waldo Wolff, legislador del PRO y exarquero de Atlanta, Deportivo Italiano e Ituzaingó, invierte la relación: “No tiene ciertas características porque es arquero. En realidad, porque tiene ciertas características, es arquero”. Para Wolff, Milei tiene “mucha personalidad” y “se la banca”, algo típico de un puesto donde “estás solo, atrás no tenés a nadie”.
La relación con el error
El arquero tiene una relación singular con el error. Agustín Lavagnino, psicólogo de Sarmiento de Junín, señala que es “un puesto de exposición alta” y que deben trabajar “la tolerancia a la frustración”. Hernán Erario, entrenador de arqueros en Tigre, agrega que “la resiliencia es un factor clave”.
En la política, Milei rara vez es autocrítico y prefiere señalar a culpables externos: “los kukas, las ratas del Congreso, los degenerados fiscales”. Su relación con el error parece más de negación que de aprendizaje, aunque no esquiva decisiones arriesgadas.
Castagneto, por su parte, dice que “no te perdonás equivocarte” y que “el olfato para ver quién te quiere cagar” es esencial. En la literatura, Juan Villoro analizó a los arqueros alemanes, quienes “no se permiten la excentricidad para escapar de las presiones”. Milei no es alemán, pero vive bajo esa presión: “si no funciona, el siguiente lo reemplaza”.
Ver lo que todavía no pasó
Erario destaca otras capacidades del arquero aplicables a la gestión: liderazgo, confianza, obsesión por el detalle y visualización. “Es importante hacer visible algo que no se ve a simple vista”, dice. Castagneto, en cambio, le niega “la frialdad ni la concentración”.
En el cuento de Soriano, el Gato Díaz se enreda en un juego de especulaciones: “Él sabe que yo sé que él sabe”. Algo similar ocurre en política, donde estudiar al rival es clave.
Lavagnino asegura que los arqueros suelen ser “bastante intelectuales”, con “escucha activa” y alto nivel cognitivo, similar a un jugador de básquet.
“Bancársela”
La capacidad de “bancársela” aparece como constante. Wolff: “Veo en él mucha personalidad, es seguro de sí mismo. Es de bancársela”. Castagneto: “La presión la bancaba solo… estar en un arco con 30 mil personas atrás requiere concentración”.
Milei ha respaldado a sus funcionarios incluso a alto costo, como con Manuel Adorni, y elogia a sus colaboradores con calificativos como “coloso” o “el mejor de la historia”.
Lavagnino menciona que arqueros como Navarro Montoya, Gatti, Chilavert o el Dibu tienen personalidad, pero que “ese estilo extrovertido, temperamental, en los juveniles no lo veo tanto”. Milei, en cambio, hizo de la autenticidad un activo valorado desde 2023, aunque las encuestas de 2026 muestran una caída.
Al final, ser arquero implica saber que todo puede reducirse a una pelota y que, cuando termine el partido, esa pelota puede ser lo único que los demás recuerden. Soriano lo entendió: el Gato Díaz, ya retirado, recibe un gol en un baldío y le dicen: “Algún día vas a andar contando que le hiciste un gol al Gato Díaz, pero para entonces ya nadie se va a acordar de mí”. No solo es miedo al error, también es miedo al olvido.
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