miércoles, junio 24, 2026

Informalidad récord en Argentina: casi la mitad de los trabajadores está en negro y se profundiza la precarización

En la Argentina de Javier Milei, se destruyeron casi 250.000 empleos registrados mientras crecían 600.000 los informales, según un informe de Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA-Autónoma, que analizó la evolución entre el primer trimestre de 2024 y el mismo período de 2026.

Los datos oficiales del INDEC para el primer trimestre de 2026 muestran una desocupación estable en 7,8%, pero la informalidad trepó al 44,2%, 2,2 puntos más que un año antes. En los 31 aglomerados urbanos relevados por la EPH, esto equivale a casi 6 millones de personas; proyectado al total del mercado laboral, la cifra se acerca a los 10 millones.

Un cuadro dramático para la economía argentina

Si bien para otros países latinoamericanos estos números podrían ser aceptables, en Argentina implican una modificación estructural de las relaciones laborales y una ruptura del vínculo del trabajador con la organización gremial. Se altera así la subjetividad social sobre la representación política y sindical, un rasgo distintivo del país.

Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), desde el inicio de la gestión de Milei hasta marzo de 2026 cerraron 26.448 empresas. El universo de empleadores registrados se redujo de 512.357 a 485.909, a un ritmo de 31 empresas por día.

La informalidad como herramienta política

El investigador Luis Campos señala que la informalidad récord provoca varias rupturas. El trabajador informal tiene menos previsibilidad y la urgencia cotidiana impide proyectar el futuro. La política y la organización colectiva se vuelven ajenas.

El sociólogo francés Robert Castel (1933-2013) describió la informalidad como una expresión de la crisis contemporánea y un síntoma de la destrucción de las protecciones sociales. En la “sociedad salarial” de la posguerra, el trabajo formal otorgaba identidad, derechos y certidumbre. Con las políticas neoliberales desde los 90, la desregulación alentó la precarización.

Castel advierte que naturalizar la informalidad presiona a los trabajadores a renunciar a sus derechos a cambio de ingresos de supervivencia. Cuando la informalidad se vuelve estructural, se agrava la desafiliación social: el individuo pierde su inserción en el mercado formal y se fragilizan sus lazos comunitarios.

El empleo-refugio y el cuentapropismo en alza

Gran parte de quienes pierden el empleo formal no pasan directamente a la desocupación, sino que quedan atrapados en el llamado empleo-refugio, como Uber, Cabify, Rappi o PedidosYa. Las estadísticas los anotan como ocupados, pero la calidad es menor.

Según el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, basado en datos del INDEC, en los últimos tres años “se expandió el rebusque a través del autoempleo, mientras se redujeron los puestos de trabajo formales”. El cuentapropismo pasó de 22,0% a 24,2% entre el primer trimestre de 2023 y el de 2025, el nivel más alto desde la pandemia.

Crecer sin empleo de calidad

El informe EDIL del IIEP-UBA-Conicet, coordinado por Roxana Maurizio y Luis Beccaria, señala que la actividad económica se recupera en algunos sectores pero sin generar empleo formal. La tasa de empleo cayó 0,2 puntos porcentuales respecto de 2023. El INDEC informó que la economía creció 2,3% en el primer trimestre de 2026, con caídas en industria y construcción, y avances en sectores primarios, intermediación financiera y hoteles y restaurantes.

Para los analistas, el nudo central de la estrategia oficial es alterar la relación de fuerzas entre capital y trabajo. La informalidad funciona como herramienta para diseñar un mercado flexible, de bajo costo y sin protección sindical.

El debate laboral es, por lo tanto, político. Con casi la mitad de los trabajadores en la informalidad, se configura un mercado precario y débil para discutir condiciones y salarios. La desindustrialización, el cierre de pymes y la fragilidad del mercado interno son las condiciones materiales para rediseñar la sociedad argentina, alejándola de la integración y movilidad social ascendente del pasado.

El dato de desocupación puede actuar como anestesia estadística, pero la informalidad creciente muestra la transformación de fondo: trabajar ya no garantiza derechos ni ingresos dignos. Para gran parte de los trabajadores, se modifica la forma de representación, su vínculo con la política y su capacidad de construir un proyecto colectivo.

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