El riesgo país cayó por debajo de los 500 puntos y la inflación de junio fue del 2,1%, según el INDEC. Dos datos que alivian al Gobierno pero que, para los críticos, esconden una fragilidad que podría derivar en una nueva aventura de endeudamiento externo.
El índice de riesgo país cerró el viernes en 437 puntos, su nivel más bajo en meses. La baja se aceleró luego de que Standard & Poor’s mejorara la calificación de la deuda argentina de CCC+ a B-. La medida, junto con la desaceleración inflacionaria, abre el camino para que el ministro Luis Caputo vuelva a colocar deuda en los mercados voluntarios.
Sin embargo, el optimismo de las calificadoras contrasta con la realidad que muestran otros indicadores. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) calculó que la diferencia entre el IPC oficial y un índice alternativo que el Gobierno dejó de publicar acumula 12,3 puntos porcentuales desde diciembre de 2023. Esa brecha distorsiona el análisis de la evolución económica.
Los argumentos de Standard & Poor’s
S&P justificó la mejora en la reducción de las vulnerabilidades macroeconómicas. Destacó los superávits fiscales consecutivos, la recuperación de reservas del Banco Central, la desaceleración de la inflación y un mejor acceso al financiamiento. Según la calificadora, todo ello reduce la probabilidad de una reestructuración de deuda en el corto y mediano plazo.
Pero esos fundamentos son cuestionados. La recaudación tributaria sigue débil en términos reales y hay presiones para aumentar el gasto. El Banco Central desaceleró la compra de dólares y las reservas netas, según la metodología del FMI, siguen negativas. La inflación subyacente, que excluye alimentos no elaborados y energía, se mantiene en el 2,3% mensual, según la consultora Empiria, lo que indica una tendencia estructural aún elevada.
El único frente donde S&P no fuerza los datos es el financiero. La colocación de deuda pública y privada ofrece un respiro a un modelo que, tras 30 meses de gestión, no logra estabilidad ni crecimiento sostenido.
La advertencia de Paul Krugman
El premio Nobel de Economía Paul Krugman fue crítico con el papel de las calificadoras durante la crisis de 2008. Escribió que “fue, en gran parte, el resultado de un sistema corrupto. Y las calificadoras de riesgo fueron parte de esa corrupción”. Señaló que estas agencias, contratadas por los mismos emisores de deuda, tienen un conflicto de interés inherente: ofrecen un sello de aprobación que los inversores institucionales exigen, pero que puede estar sesgado.
Fitch Ratings también mejoró la calificación argentina a B- con perspectiva estable, un mes antes que S&P. Su argumento fue similar: equilibrio fiscal estructural y mejora de los balances externos. Para el viceministro de Economía, José Luis Daza, estas decisiones habilitan a fondos internacionales a invertir en bonos argentinos.
La mirada de Joseph Stiglitz
Otro Nobel, Joseph Stiglitz, también cuestionó el poder de las calificadoras. Sostuvo que, al ser pagadas por quienes deben evaluar, existe un incentivo perverso para ofrecer certificaciones convenientes en lugar de rigurosas. La crisis de 2008 demostró cómo las calificadoras contribuyeron a la opacidad del sistema, avalando activos tóxicos como si fueran seguros.
Stiglitz utilizó a la Argentina de los ’90 como ejemplo de los daños de una medición distorsionada. Su advertencia es actual: una evaluación de riesgo basada en indicadores incompletos ofrece una imagen parcial de la economía.
La mejora de la nota no solo describe una coyuntura más favorable; también amplía el universo de compradores de bonos y acerca un nuevo ciclo de colocaciones externas. Pero, como advierten los economistas, ese alivio financiero no prueba que exista solidez macroeconómica. La pregunta es si servirá para consolidar una economía sostenible o será la luz verde para otra aventura de endeudamiento. Y la respuesta, para muchos, la da el propio Caputo, el mayor endeudador serial de la historia argentina.

