La investigación por presunta comercialización de éxtasis, ketamina, LSD y otras drogas sintéticas sumó nuevos elementos que podrían ampliar significativamente el alcance de la causa judicial abierta el pasado sábado. El principal imputado, Enrique Sánchez Loria, de 36 años, quedó detenido tras el secuestro de un cargamento valuado en al menos $60 millones.
El expediente comenzó de manera inesperada el 10 de abril, cuando Sánchez Loria protagonizó un accidente vial sobre la avenida Aconquija, en Yerba Buena. Mientras era asistido por efectivos policiales, los uniformados encontraron en una mochila que llevaba consigo cinco tubos que contenían una sustancia sospechosa. Especialistas de la Dirección General de Drogas Peligrosas confirmaron que se trataba de material compatible con drogas sintéticas.
A partir de ese hallazgo, un equipo encabezado por los oficiales Diego Rojas y Carla Lazarte inició tareas investigativas. Lograron establecer que el sospechoso residía en un departamento ubicado en calle Jujuy al 200, en la capital tucumana. Mediante seguimientos y vigilancias encubiertas, detectaron movimientos compatibles con la comercialización de estupefacientes, verificando que el acusado realizaba entregas tanto en la vía pública como dentro del edificio donde vivía.
Durante la audiencia de formulación de cargos, la auxiliar fiscal Elina González explicó que los investigadores también tomaron testimonios a vecinos del inmueble. Muchos de ellos se mostraron reticentes a declarar debido al temor que les generaba el sospechoso. González señaló además que las averiguaciones permitieron identificar entre los potenciales compradores a personas de elevado poder adquisitivo relacionadas con el circuito de las fiestas electrónicas.
Con los elementos reunidos, el fiscal José Sanjuán solicitó una orden de allanamiento. La medida fue autorizada por la jueza Ana María Iácono y ejecutada el sábado bajo la coordinación de los comisarios Jorge Nacusse y Rufino Medina. Antes de ingresar al inmueble, los investigadores observaron que un hombre identificado como Nicolás Avellaneda ingresó al edificio y salió pocos minutos después. Al ser interceptado, los efectivos encontraron entre sus pertenencias una sustancia que tenía consignado el nombre de otra persona, una dirección de entrega y $34.000, monto que presuntamente correspondería al valor de la transacción.
Durante el allanamiento, los policías secuestraron 458 pastillas de éxtasis, más de 600 tubos Eppendorf utilizados para el fraccionamiento y dosificación de drogas sintéticas, cinco frascos de ketamina líquida y 29 troqueles de LSD. También incautaron $5 millones en efectivo, U$S 700 y cuatro reales.
Uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores fue la metodología utilizada por Sánchez Loria para organizar la distribución. Las bolsas que contenían diferentes cantidades de éxtasis estaban identificadas con nombres de presuntos compradores y datos como domicilios o números telefónicos, una práctica considerada inusual. Se sospecha que la distribución se realizaba mediante un sistema de reparto o que los clientes retiraban personalmente la mercadería en el departamento.
Los defensores Jorge Montalván Rentería, representante de Sánchez Loria, y Maximiliano Mavsovich, abogado de Avellaneda, plantearon la nulidad de las actuaciones al sostener que los policías revisaron la mochila del principal acusado sin autorización judicial. Avellaneda aseguró que es únicamente consumidor y negó cualquier vínculo con actividades de comercialización. Sánchez Loria decidió no responder sobre los cargos, aunque insistió en desvincular a su consorte de causa y reiteró que la mochila fue inspeccionada sin su consentimiento.
La Fiscalía solicitó prisión preventiva por cuatro meses para ambos acusados. El juez Guillermo Taylor rechazó el pedido de exclusión probatoria y dispuso medidas cautelares: Avellaneda permanecerá detenido durante 15 días, mientras que Sánchez Loria continuará privado de la libertad por 120 días, mientras avanza una investigación que podría revelar nuevas derivaciones dentro del circuito de comercialización y eventual producción de drogas sintéticas.

