miércoles, mayo 6, 2026

Chikungunya en Tucumán: las claves para combatir la enfermedad y cortar la transmisión del virus

Con circulación local confirmada y 423 casos acumulados, especialistas detallan las medidas realmente efectivas para frenar el avance del chikungunya en la provincia.

El chikungunya dejó de ser una hipótesis para convertirse en una experiencia concreta en Tucumán. Ya no se analiza a la distancia ni se compara con otros países: se lo enfrenta en consultorios, operativos sanitarios y, sobre todo, dentro de las casas. Con circulación local confirmada y una curva de casos que obliga a sostener la alerta, el foco se desplaza hacia las herramientas disponibles para reducir el impacto de esta epidemia y de futuros brotes transmitidos por el mosquito Aedes aegypti.

Hasta la semana epidemiológica 20, el Ministerio de Salud Pública informó 423 casos de chikungunya, con 77 contagios sumados en los últimos días. El dato se inscribe en una tendencia de crecimiento sostenido que encendió alertas sanitarias. La experiencia reciente con el dengue, que en 2024 dejó más de 84.000 casos y 44 muertes, funciona como antecedente inmediato: el vector ya estaba instalado; lo que cambió fue la presencia del virus.

“Bastaron algunos movimientos y viajes de ciudadanos a otras regiones para que el chikungunya reapareciera en la provincia, donde los mosquitos encontraron las condiciones ideales para reproducirse”, explicó la investigadora y docente de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT, Giselle Rodríguez. El mecanismo epidemiológico es claro: una persona infectada llega durante la fase de viremia, es picada por un mosquito local y se inicia una nueva cadena de transmisión.

La base del control sigue estando en casa

La prevención primaria sigue siendo el eje más sólido, según Rodríguez. “Es lo que ya conocemos”, sostuvo. La frase sintetiza una evidencia repetida en cada brote: el control del mosquito depende en gran medida de lo que ocurre dentro de los hogares. Rodríguez insistió en que la prevención tiene dos vertientes inseparables: el descacharreo y la eliminación de criaderos, por un lado, y la educación, por otro. “Las técnicas vienen con una preparación no solo económica, sino social también”, advirtió.

El rol del sistema de salud

Desde el Estado, las acciones se organizan según la situación epidemiológica. La licenciada Carolina Chiappini, jefa del Departamento de Prevención y Riesgo Ambiental, explicó que “durante todo el año se realizan acciones de abordaje integrado, siempre teniendo en cuenta la situación epidemiológica”. Cuando no hay circulación viral, el foco está en la prevención sostenida. Pero cuando aparecen casos, el esquema cambia: “El control químico se implementa cuando tenemos sospecha de caso, donde se realiza un abordaje con diferentes herramientas: control focal, búsqueda de sintomáticos y control químico domiciliario”.

Chiappini aclaró que “el control químico no es una herramienta de prevención”. Los insecticidas solo actúan sobre el mosquito adulto, no sobre huevo, larva o pupa. “Usar solo control químico sin realizar las acciones de control de criaderos no es efectivo”, advirtió. Incluso las campañas de descacharreo tienen límites si no se sostienen en el tiempo: “Nunca son suficientes, porque son acciones puntuales que tienen que ser sostenidas”.

En paralelo, el sistema utiliza indicadores entomológicos, como el índice de vivienda o el de Breteau, para medir el riesgo y orientar las intervenciones. En la capital también se implementaron ovitrampas para detectar zonas con mayor actividad del mosquito.

Lo que se prueba en el mundo

Mientras las estrategias tradicionales siguen siendo la base, distintos países avanzan en métodos innovadores. Chiappini fue cauta: “Son tecnologías innovadoras que están en etapa experimental”. Entre ellas aparece la técnica del insecto estéril, muy utilizada en otras especies de dípteros, aunque “no hay muchas evidencias de la relación lineal entre su uso y la disminución de los casos de arbovirosis”.

Wolbachia: una apuesta biológica

El médico inmunólogo Alfredo Miroli describió el funcionamiento de esta herramienta: “La wolbachia es una bacteria que vive dentro de las células de muchos mosquitos. Lo interesante es que consume los nutrientes que el virus necesita para multiplicarse”. Cuanta más wolbachia tiene el mosquito, menos capacidad tiene de transmitir virus. El problema es que la bacteria no resiste altas temperaturas, por lo que se desarrollan variantes termorresistentes para liberar mosquitos que transmitan la bacteria a su descendencia. “Es una estrategia biológica mucho más inteligente que usar insecticidas”, afirmó Miroli. En América Latina, los ensayos ya muestran resultados preliminares: “Los resultados indican una incidencia menor en barrios donde se realizaron liberaciones”, explicó Chiappini.

El trabajo en los barrios

La respuesta inmediata se despliega en territorio. El ingeniero Leandro Medina Barrionuevo, director de la Dirección General de Salud Ambiental, detalló que los operativos de bloqueo abordan todas las viviendas ubicadas a 100 metros a la redonda del caso sospechoso o confirmado. Allí, las brigadas inspeccionan, eliminan criaderos y aplican control químico. “Con la eliminación de criaderos se interviene sobre huevo, larva y pupa. Con el control químico se actúa sobre el mosquito adulto”, precisó. En paralelo, se busca activamente a personas con síntomas. Sin embargo, advirtió: “Hemos encontrado muchas viviendas con presencia de larvas, lo cual evidencia que todavía falta mayor acompañamiento y compromiso por parte de la población”.

Medina Barrionuevo insistió en que las intervenciones estatales no alcanzan por sí solas: “No alcanza con la fumigación: el mosquito puede volver a reproducirse si persisten los criaderos”. Por eso, recomendó “la revisión semanal de patios y fondos para detectar y eliminar posibles focos”.

Un problema sin solución única

La conclusión de todos los especialistas es contundente. “No es posible elegir una sola acción pensando en disminuir la población de los insectos vectores”, sintetizó Chiappini. Las estrategias deben adaptarse a cada escenario y combinar herramientas. La eliminación de criaderos sigue siendo la medida más efectiva, pero exige continuidad y compromiso social. El chikungunya expone algo más que un brote: revela una dinámica donde el ambiente, el vector y las prácticas cotidianas se entrelazan. Incluso con avances científicos en desarrollo, el control real del problema sigue dependiendo de decisiones que se toman todos los días dentro de cada casa.

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