El presidente Javier Milei seguirá la final del Mundial desde la residencia de Olivos, mientras su gobierno queda expuesto por declaraciones contradictorias sobre el gesto de los jugadores de la Selección argentina que exhibieron una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” tras vencer a Inglaterra en semifinales.
Milei calificó la acción como “perfectamente válida y lícita” por la emoción del momento, pero también la consideró “imprudente” y ajena a la diplomacia. Estas posturas opuestas generaron un debate interno en la Casa Rosada sobre la coherencia del discurso oficial en un contexto de tensión con el Reino Unido.
El Presidente mantuvo su cábala de ver los partidos desde la residencia de Olivos junto a su hermana Karina, descartando viajar al exterior para presenciar la final. Este contraste entre la efervescencia popular y la estrategia política se convirtió en un nuevo capítulo de la cobertura, donde las imágenes de los jugadores con la bandera y las reacciones oficiales se entrelazan con la intimidad presidencial.
Mientras la Cancillería protesta por incursiones militares británicas y busca mantener el diálogo con Londres, la escena futbolera vuelve a poner a las Malvinas en el centro de la agenda nacional. El vocero presidencial, Adrián Ravier, también se refirió al reclamo de soberanía, señalando que la Argentina debe ser “grande nuevamente, próspera y respetada” para avanzar en ese objetivo.
En paralelo, el Gobierno enfrenta críticas por su manejo económico. Un informe privado indica que uno de cada tres argentinos no puede pagar sus créditos, mientras que el Banco Central apenas logró comprar un tercio del récord de divisas liquidado por el agro, la energía y la minería. La gestión de Milei es cuestionada por la caída de la inversión, la industria y el empleo registrado, aunque el oficialismo se aferra a la reducción de la inflación.
La Selección argentina, por su parte, dejó claro que no asistirá a la Casa Rosada tras la final, y el Gobierno prometió un feriado para celebrar. La diputada Margarita Stolbizer pidió la explanada del Congreso para recibir al equipo, en un gesto que marca la distancia entre el Ejecutivo y el combinado de Lionel Scaloni.

