Mientras el Gobierno celebra señales financieras positivas, la economía real argentina atraviesa una situación crítica: se perdieron 340 mil empleos formales y cerraron 26.500 empresas desde diciembre de 2023, según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. La caída del poder adquisitivo golpea con fuerza a trabajadores formales, informales y estatales, con pérdidas de hasta el 40% en el salario mínimo.
El contraste entre dos realidades
El viceministro de Economía, José Luis Daza, describió en un programa televisivo un “equilibrio hermoso” de variables financieras: baja de tasas, compra de reservas sin presión cambiaria y apreciación del peso. Sin embargo, este optimismo choca con el desierto de la economía productiva, donde la demanda se contrajo en casi todos los rubros.
“La escasa voluntad de lucha de los trabajadores organizados se monta sobre esta realidad material de los mercados laborales”, señala el análisis, que vincula la recesión con la pérdida de poder de negociación sindical.
Endeudamiento récord y tasas usurarias
Frente a la caída de ingresos, las familias recurren al crédito para financiar consumos básicos. Las tasas promedio de los préstamos personales y tarjetas de crédito rondan el 85% anual, mientras que el descubierto en cuenta corriente para pymes alcanza tres dígitos. “Niveles que pueden considerarse usurarios”, advierte el texto.
El sector financiero, en cambio, registra superganancias gracias a estas tasas extraordinariamente elevadas, que se agravan en el crédito informal y las Fintech.
Promesas incumplidas y un futuro incierto
El ministro Luis Caputo había prometido “los mejores 18 meses” de la economía, pero la realidad muestra una demanda “virtualmente muerta”. El artículo concluye que no puede haber crecimiento sin recuperación del consumo, y que el “equilibrio hermoso” de las variables financieras no garantiza la mejora de la economía real.

