En el puente ferroviario de avenida 24 de Septiembre, en San Miguel de Tucumán, aún se percibe el eco de un ambicioso proyecto que prometió convertir su paso peatonal en un moderno bar con vistas privilegiadas, pero que nunca llegó a materializarse. La iniciativa, impulsada durante la gestión del gobernador Antonio Bussi, quedó truncada por la crisis económica y décadas de desidia institucional.
La propuesta, anunciada oficialmente el 25 de enero de 1999, contemplaba instalar un “bar de diseño exquisito” sobre el puente, con vistas al cerro San Javier y al microcentro tucumano. El gobierno de entonces aseguró que las obras ya habían comenzado y que la confitería se inauguraría antes de las elecciones provinciales de junio de ese año.
Sin embargo, el proyecto generó una inmediata controversia política. El entonces concejal radical José Ricardo Ascárate recordó que la iniciativa ya estaba contemplada en la ordenanza “Remodelación Ferrourbanística de Tucumán – Reutilización de las vías del Ferrocarril Belgrano”, aprobada por el Concejo Deliberante en diciembre de 1995. Esa norma proponía recuperar terrenos ferroviarios para espacios verdes y refuncionalizar edificios históricos con fines sociales, culturales y recreativos.
Desde el gobierno provincial respondieron que las ideas de reorganización ferroviaria eran mucho más antiguas. Jorge Ramos, entonces director de Arquitectura y Urbanismo (DAU), mencionó una ordenanza de 1930 que ya planteaba esa necesidad y destacó los estudios técnicos elaborados por la Universidad Nacional de Tucumán a lo largo de las décadas.
Un lugar con historia
El sitio elegido tiene un profundo valor histórico. El primer tren que unió Córdoba con San Miguel de Tucumán llegó el 30 de octubre de 1876, encabezado por el presidente Nicolás Avellaneda. Pero el actual paso bajo nivel sobre avenida 24 de Septiembre recién se habilitó en agosto de 1911, tras varios años de demoras.
Originalmente, la estructura contaba con dos puentes ferroviarios paralelos e idénticos: uno para pasajeros y otro para cargas. Esa configuración se mantuvo hasta 1984, cuando Ferrocarril Belgrano demolió uno de ellos durante trabajos de reparación y reforzó el restante, que sigue siendo el único viaducto ferroviario en funcionamiento. En 1999 se le incorporó el paso peatonal techado.
Aunque nunca hubo una explicación oficial sobre el abandono del proyecto gastronómico, los antecedentes apuntan a la profunda crisis económica que desembocó en el colapso de 2001, durante la gobernación de Julio Miranda. A eso se sumaron las frecuentes inundaciones que afectan esa zona de avenida 24 de Septiembre cada vez que llueve intensamente.
Décadas de idas y vueltas administrativas
La historia de ese espacio refleja las dificultades que enfrentó la recuperación del patrimonio ferroviario tucumano. Las sucesivas reorganizaciones del sistema nacional generaron incertidumbre sobre la administración de bienes ferroviarios. Hasta los años 90, Ferrocarriles Argentinos manejaba todo; luego pasó por el Enabief (1996), el Onabe (2000), ADIF y SOFSE (2008), la AABE (2012) y Ferrocarriles Argentinos Sociedad del Estado (2015). El DNU 70 de 2023 y la Ley Bases impulsaron nuevas reformas, y en 2025 el Decreto 67 autorizó la privatización total de Belgrano Cargas.
Urbanistas destacan que pocas ciudades tienen una red ferroviaria con tanto potencial de conectividad como el área metropolitana tucumana: prácticamente cualquier vecino vive a no más de seis o siete cuadras de una vía. Ese tendido podría servir para un transporte urbano económico y sustentable, o para recuperar cientos de hectáreas con espacios verdes.
Sin embargo, la mayoría de los proyectos presentados durante casi un siglo nunca pasó de los planos. Mientras resurgen propuestas periódicamente, la realidad muestra usurpaciones, robo de vías, deterioro de inmuebles y conflictos como la reciente clausura judicial del Complejo Avellaneda, junto al histórico puente.
A casi 30 años de aquella iniciativa que prometía convertir el paso peatonal en un mirador urbano, el rincón sigue siendo un símbolo de oportunidades desaprovechadas y del prolongado deterioro de uno de los patrimonios ferroviarios más importantes del norte argentino.

