La Justicia de Tucumán absolvió este miércoles a César Soto, el exnovio de Paulina Lebbos, por el beneficio de la duda y desvinculó a Sergio Kaleñuk, en un juicio que no logró determinar quién mató a la joven hace 20 años.
El veredicto se conoció tras 14 jornadas de debate oral en las que los jueces Fabián Fradejas, Gustavo Romagnoli y Luis Morales Lezica analizaron un expediente marcado por irregularidades, sospechas de encubrimiento y fallas en la investigación desde el inicio.
Los magistrados consideraron que las pruebas presentadas por el Ministerio Público Fiscal no alcanzaron el nivel de certeza necesario para dictar una condena a prisión perpetua. Así, cerraron un juicio que dejó sin respuesta quién asesinó a Paulina.
Un juicio con dudas y falta de pruebas
La acusación sostenía que Soto había estrangulado a Paulina en su casa el 26 de febrero de 2006. Sin embargo, la defensa logró instalar dudas razonables: no hubo pruebas directas, testigos que ubicaran a la víctima en ese domicilio ni evidencia física contundente. Esa debilidad inclinó la balanza a favor del acusado.
En el caso de Sergio Kaleñuk, hijo del ex secretario privado de José Alperovich, Alberto Kaleñuk, la situación ya estaba resuelta antes del fallo. Durante los alegatos, el fiscal Carlos Sale desistió de acusarlo al admitir que no se pudo acreditar su participación en el supuesto encubrimiento o descarte del cuerpo. Así, llegó al veredicto sin cargos.
Un final sin justicia
El fallo es el desenlace de una causa contaminada desde el inicio. A lo largo de los años, fueron condenados integrantes de la cúpula policial y el exfiscal Carlos Albaca por encubrimiento, pero esas responsabilidades no alcanzaron para reconstruir qué pasó la noche del crimen.
Para Alberto Lebbos, padre de la víctima, el fallo representa un golpe devastador. Durante años denunció la existencia de una “maquinaria de impunidad” y advirtió que las irregularidades y la falta de avance en causas conexas conducirían a este final.
El femicidio de Paulina Lebbos
Paulina Lebbos tenía 23 años, estudiaba comunicación social y era mamá de una nena de cinco. El sábado 25 de febrero de 2006, tras aprobar una materia, arregló con sus compañeras para ir a bailar al boliche “Gitana”. Ya en la madrugada del domingo 26, tomó un taxi con su amiga Virginia Mercado y luego fue sola a la casa de César Soto, su exnovio y padre de su hija.
Aunque durante buena parte de la investigación se creyó que nunca había llegado a destino, la Justicia determinó que sí lo hizo y que fue en ese lugar donde la mataron.
Su familia la buscó durante 13 días hasta que, el 11 de marzo, la encontraron muerta en la Ruta 341, en la zona de Tapia. El hallazgo fue casual: un vecino descubrió el cuerpo por el reflejo del sol en una pulsera. La víctima presentaba heridas de arma blanca, quemaduras de cigarrillo, el cuero cabelludo arrancado y las huellas digitales limadas. Según la autopsia, murió asfixiada por estrangulamiento.

