Un enorme socavón se abrió frente a la mansión que Nicolas Cage compró en Malibu por u$s10,5 millones y destruyó la mayor parte del acceso vehicular. El hecho ocurrió durante la madrugada del martes, después de varios días de oleaje intenso en la costa de California, y no dejó heridos.
Bomberos del condado de Los Ángeles llegaron a la zona por una presunta rotura de una tubería principal de gas. Al llegar, se encontraron con un agujero de aproximadamente 9 metros por 9 metros que se llevó gran parte de la entrada de vehículos, dañó un tramo de la calle e hizo caer un baño portátil. Las imágenes aéreas mostraron cómo el agua avanzaba por debajo de la propiedad, que ahora tiene su ingreso suspendido sobre una abertura con el océano visible debajo.
Una propiedad con vista al Pacífico
La casa está ubicada frente al mar en Lechuza Beach, uno de los sectores más buscados de Malibu. Cage la adquirió en 2024 y la vivienda cuenta con acceso directo a una playa privada, grandes paredes de cristal, varias habitaciones, cocina de chef, una terraza con jacuzzi y un garaje con ascensor.
Antes de quedar en manos del actor, la propiedad pertenecía a la familia de José Liberman, cofundador de Liberman Broadcasting. Su hijo Lenard contó al New York Times que la casa había sido el “lugar feliz” de su padre. Después de su muerte, su madre dejó de visitarla porque los recuerdos le resultaban demasiado dolorosos. La propiedad salió al mercado en junio de 2022 y dos años después apareció Cage como comprador.
Oleaje, lluvias y un futuro incierto
El episodio ocurrió después de varios días de oleaje muy fuerte en el sur de California. El antiguo huracán Marie generó grandes olas e inundaciones costeras, por lo que el Servicio Meteorológico Nacional mantenía alertas por fuerte oleaje y riesgo de inundaciones en distintas zonas del litoral.
Malibu también había recibido lluvias durante el fin de semana. En un período de 24 horas se registraron aproximadamente 0,76 pulgadas, aunque otras zonas del condado de Los Ángeles acumularon más agua. El problema está en la velocidad con la que cae: esa intensidad saturó los sistemas de drenaje, debilitó las laderas y aceleró la erosión de terrenos costeros.
A eso se le suma la expectativa por el desarrollo de El Niño 2026-27. Según la información citada, la NOAA estimaba una probabilidad superior al 90% de que el fenómeno alcance una intensidad muy alta durante el otoño y el invierno. También proyectaba mayores chances de precipitaciones por encima de lo normal en buena parte de la costa de California entre diciembre y abril, una situación que preocupa a los dueños de las viviendas construidas en primera línea de playa.

