miércoles, septiembre 2, 2026

El Gobierno prepara un giro en Defensa con foco en el Atlántico Sur, la Antártida y la disuasión

El Ejecutivo ultima un nuevo proyecto de Directiva de Política de Defensa Nacional (DPDN) que propone un cambio de paradigma: priorizar la disuasión por negación, la vigilancia de los espacios estratégicos y la recuperación de capacidades militares, con especial atención al Atlántico Sur y la Antártida.

La iniciativa, elaborada durante la gestión de Luis Petri al frente del Ministerio de Defensa, quedó frenada en octubre de 2025, cuando el trámite se interrumpió y pasó a la carpeta de pendientes para su sucesor, Carlos Presti. El documento, de más de 50 páginas y redactado por Juan Battaleme, ex secretario de Asuntos Internacionales, permanece en el sistema de Gestión Documental Electrónica (GDE) a la espera de ser girado a la Casa Rosada para su firma como decreto.

La DPDN es la hoja de ruta que fija el Presidente para que las Fuerzas Armadas planifiquen sus prioridades de defensa. El Decreto 1.729/2007 establece que debe dictarse en septiembre del primer año de cada mandato, pero el plazo está largamente vencido: sigue vigente la directiva de 2021, firmada por Alberto Fernández y Agustín Rossi, que definió al Estrecho de Magallanes y al Mar de Drake como “espacios compartidos” para un eventual control conjunto con Chile. Esa formulación generó tensiones diplomáticas y una nota de protesta del país trasandino, que reclamó soberanía sobre el paso.

Del territorio al espacio estratégico nacional

El nuevo proyecto busca corregir ese rumbo. En su versión preliminar, las Zonas de Seguridad de Frontera, el Atlántico Sur y la Antártida aparecen como espacios prioritarios, junto con corredores bioceánicos, rutas marítimas y aéreas, líneas logísticas e infraestructura crítica. La defensa del país se concibe como la garantía de continuidad entre el territorio continental, el Atlántico Sur y la Antártida, con Ushuaia como polo logístico antártico y centro de gravedad estratégico.

Magallanes y Drake, en un momento de tensión con Chile

El proyecto de DPDN 2025 elimina la referencia a un espacio compartido y al control conjunto del paso Magallanes que había incluido la gestión Rossi. En el punto “Escenario Regional”, el documento ubica a Magallanes y Drake entre las cuatro principales líneas de comunicación marítima del hemisferio, junto con el Canal de Panamá y el Pasaje del Noroeste en Canadá, y les asigna una valoración estratégica, geopolítica y comercial. Así, el extremo austral argentino pasa a ser un asunto de interés hemisférico, no solo nacional o bilateral.

Esta mirada coincide con la del Comando Sur de Estados Unidos, que en agosto de 2025 calificó al Estrecho de Magallanes y al Pasaje de Drake como “puntos de estrangulamiento estratégicos” y advirtió sobre la posibilidad de que China proyecte poder en la región. La SIDE también reafirma en su Plan de Inteligencia Nacional la prioridad sobre el Atlántico Sur, el sector antártico y el extremo austral.

El triángulo estratégico austral

El documento concibe el extremo sur como un sistema integrado: Atlántico Sur, Ushuaia/Magallanes y Antártida. El Atlántico Sur concentra recursos naturales, rutas marítimas y accesos interoceánicos; Ushuaia se erige como nodo logístico; y la Antártida aparece como un espacio de proyección bicontinental y de creciente competencia geopolítica. La prioridad es asegurar rutas, abastecimiento, comunicaciones y presencia hacia el continente blanco.

Amenazas multidimensionales y Fuerzas Armadas multidominio

El cambio amplía el concepto de amenaza: pesca ilegal, economías ilícitas transnacionales, sabotaje, ciberataques, agresiones electromagnéticas y vulnerabilidades de rutas logísticas ingresan en la apreciación estratégica. La respuesta requiere inteligencia, anticipación, vigilancia y capacidad de reacción gradual. El instrumento militar se concibe como un sistema multidominio que integra tierra, mar, aire, ciberespacio, espectro electromagnético y espacio ultraterrestre, con énfasis en sistemas C4ISR, información satelital, sensores, vehículos no tripulados y guerra electrónica.

Cooperación sin renunciar a capacidades propias

La estrategia plantea profundizar ejercicios combinados, intercambio de inteligencia e interoperabilidad, pero con una condición: la cooperación no debe sustituir la capacidad nacional ni limitar la autonomía estratégica argentina. La idea es usar los vínculos internacionales como multiplicadores de capacidades, sobre la base de un instrumento militar propio.

De la amenaza militar a la amenaza multidimensional

La comparación con la DPDN 2021 muestra un giro de una concepción centrada en prevenir una agresión militar estatal externa hacia un enfoque que prioriza la disuasión por negación, la presencia permanente, la vigilancia y el control de espacios estratégicos. La disuasión por negación supone contar con medios suficientes para impedir que un eventual adversario alcance sus objetivos, haciendo demasiado costoso o difícil cualquier acción militar. En ese marco, los cazas F-16 y los vehículos Stryker son señalados como pasos para reconstruir capacidades aéreas y terrestres degradadas.

La principal capacidad convencional ausente

El proyecto reconoce una carencia crítica: la falta de submarinos operativos. La Argentina perdió al ARA San Juan en noviembre de 2017 y la Armada no cuenta con capacidad submarina efectiva. Para los especialistas, no hay disuasión por negación sin esa capacidad, que aporta vigilancia, inteligencia y, sobre todo, incertidumbre. Brasil, con su programa Prosub, avanza en esa dirección para consolidar su soberanía sobre la “Amazonia Azul”.

Malvinas, equilibrio y seguridad en Atlántico Sur y Antártida

El archipiélago aparece en dos planos: la controversia soberana y la seguridad estratégica del Atlántico Sur. El documento plantea que Atlántico Sur, Malvinas y Antártida deben considerarse un único complejo estratégico, donde la diplomacia y la reconstrucción de capacidades militares sean complementarias. Reafirma la vía diplomática para recuperar la soberanía, pero advierte sobre la asimetría militar con el Reino Unido y su despliegue en la región.

El texto introduce un párrafo crítico: “La política de Defensa de años previos a la actual no tuvo una orientación clara en torno a la reconstrucción de capacidades militares que permitan acompañar de manera asertiva el reclamo que se realiza de manera incansable por la vía diplomática. En años anteriores, los mayores esfuerzos estuvieron concentrados en manifestar una sucesión de declamaciones que nunca se tradujeron en capacidades militares reales”.

Además, el proyecto destaca la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio y considera limitada, al menos en el corto plazo, la capacidad china para proyectar poder sobre el Atlántico Sur. También advierte sobre un posible deterioro del régimen antártico y la llegada de dinámicas de competencia similares a las del Ártico, con la exploración de recursos, el uso de drones de doble propósito y las disputas por áreas marinas protegidas como indicadores de futuras tensiones.

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