viernes, agosto 21, 2026

La economía rebotó 0,8% en junio pero cerró el segundo trimestre con una caída del 0,9%

La actividad económica argentina cortó en junio una racha de dos meses consecutivos de caídas, aunque el segundo trimestre del año terminó con un retroceso del 0,9% respecto del anterior. El dato, difundido por el INDEC, mantiene la disparidad sectorial y deja perspectivas poco alentadoras para lo que resta de 2026.

Según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), en junio la economía subió 0,8% frente a mayo y se ubicó 2,7% por encima del mismo mes de 2025. Sin embargo, la serie desestacionalizada mostró que ese nivel quedó por detrás de los registros de marzo, enero y diciembre del año pasado.

Para Sergio González, head de asset management en Cohen Aliados Financieros, “el dato mensual revierte el flojo desempeño de abril y mayo, aunque el arrastre de ese bache deja el acumulado del primer semestre en apenas 1,9% interanual, muy por debajo del 4,5% con que había cerrado 2025”.

Disparidad sectorial: minería y pesca impulsan, mientras industria y comercio siguen débiles

La consultora LCG señaló que “la disparidad sectorial se mantuvo” y que “el crecimiento sigue mostrando la dinámica serrucho observada desde comienzos de año”. Gonzalo Carrera, economista de Equilibra, destacó que “el crecimiento de minería/energía (0,4%) y pesca (arriba de 30%) fue central para el crecimiento mensual de la actividad total”, mientras que los sectores no primarios volvieron a caer y están estancados desde febrero de 2025. Si bien la industria recuperó 1%, la construcción y el comercio continuaron cayendo (-1%).

González remarcó que la brecha entre ganadores y perdedores “importa porque los rezagados son justamente los sectores intensivos en mano de obra: industria, construcción y comercio concentran el grueso del empleo privado registrado, mientras que la minería es intensiva en capital y genera relativamente pocos puestos por unidad de producto”. Y agregó: “Un crecimiento traccionado por recursos naturales puede sostener el nivel de actividad agregada sin traducirse en creación de empleo ni en recuperación del salario, y explica por qué la mejora del EMAE todavía no se percibe en la demanda interna”.

Perspectivas: sin motor claro y con las exportaciones como principal esperanza

“Uno no ve factores para que los sectores no primarios se recuperen. La apuesta del Gobierno era que los salarios reales se recuperen un poco a partir de la desaceleración de la inflación y que la baja de tasas haga reactivar el crédito. Eso viene más lento de lo que se pensaba”, dijo Carrera. En un escenario optimista, el consumo solo mejoraría “en el margen”, mientras que la elevada morosidad frena el financiamiento al sector privado. Para los sectores primarios, espera que energía y minería extiendan su crecimiento, pero proyecta un panorama más frío para el agro.

Desde LCG no advierten “un motor claro que empuje la actividad económica en el corto plazo”, ya que la inversión lleva cuatro trimestres de caída y posiblemente entre en una fase de “wait and see” típica de un período electoral. El consumo seguirá afectado por salarios que en el mejor de los casos empatan a la inflación, y el gasto público se mantendrá pisado. Por eso, su principal esperanza son las exportaciones, fundamentalmente del agro, la minería y la energía.

Federico Filippini, Head of Research & Strategy de Adcap, calculó que si el nivel de actividad de junio se mantuviera constante durante el resto del año, el PBI cerraría con un crecimiento de apenas 1,2% frente a 2025, contra el 2,7% estimado por el sector privado en el último Relevamiento de Expectativa de Mercado (REM). Para cumplir ese escenario, la economía debería crecer cerca de 1% tanto en el tercer como en el cuarto trimestre. “Ese escenario es posible, pero por ahora los datos de alta frecuencia no lo están convalidando en el cortísimo plazo”, afirmó, y adelantó que los datos preliminares de julio “no son alentadores”.

Los números y las opiniones de los especialistas son elocuentes. La actividad ya dejó atrás el piso de la era Milei, pero entró en una fase de estancamiento, que alterna subas y bajas. El crecimiento se concentra en un puñado de sectores que generan poco empleo relativo, y no se vislumbran mejoras para el resto de la economía, que depende de la recuperación de los salarios y del crédito, dos variables bajo presión.

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