La desaceleración de la inflación y el consumo en Estados Unidos redujo las apuestas por una suba de tasas de la Fed, mientras el rally de Wall Street suma récords pese a la tensión en Medio Oriente.
La bolsa estadounidense extendió su racha alcista en las últimas dos semanas, impulsada por datos económicos que mostraron una moderación de los precios y del gasto de los consumidores. Eso alivió la presión sobre la Reserva Federal, que había sido criticada por no subir las tasas ante el repunte inflacionario.
Sin embargo, el principal riesgo para los mercados sigue latente: la presión sobre los bonos del Tesoro, el déficit fiscal y el precio del petróleo.
Balances empresariales sólidos
La temporada de balances está por terminar. Más del 90% de las empresas del S&P 500 ya presentó sus resultados, y la cosecha fue extraordinaria: las utilidades por acción crecieron más de 50% interanual. Si se excluyen los números de Alphabet y Amazon, que se vieron favorecidos por ganancias de capital de sus inversiones en inteligencia artificial, el aumento de la rentabilidad ronda el 30%.
Además, los ingresos crecieron 15% interanual y las proyecciones de las empresas son contundentes. El horizonte de los negocios se presenta muy robusto, más allá de la incertidumbre geopolítica.
Tregua en las tasas
Las tasas de interés detuvieron su alza en las últimas dos semanas, una tregua informal que fue clave para la colocación de deuda de largo plazo del Tesoro. La estabilidad del precio del crudo y la promesa de un acuerdo rápido con Irán, que luego se desvaneció, ayudaron a calmar a los inversores.
La última reunión de la Fed mantuvo la política monetaria sin cambios, y el presidente de la entidad, Kevin Warsh, bloqueó la iniciativa de tres disidentes que buscaban un aumento de tasas.
Datos que tranquilizan
La inflación de julio fue modesta (+0,1%), tras la caída de junio (-0,4%). Los precios minoristas subieron 3,4% interanual, por debajo del pico de 4,2% de mayo, y la inflación núcleo se ubicó en 2,5%. Las ventas minoristas cayeron 0,6% en julio, la primera baja desde octubre, y la confianza del consumidor también se redujo.
Estos datos llevaron a que los futuros de Chicago asignen menos de un tercio de probabilidades a una suba de tasas en septiembre. La Fed de Chicago, Austan Goolsbee, reconoció que la inflación de los últimos dos meses es un “poco mejor” y dijo: “Ojalá que continúe”.
Wall Street, por su parte, sigue sumando récords: el S&P 500 y el Russell 2000, que agrupa a las pequeñas compañías, alcanzaron nuevos máximos. Sin embargo, las tasas bajaron muy poco; simplemente dejaron de trepar. Y el viernes, cuando volvieron las hostilidades en el Golfo y repuntó el crudo Brent, la curva de bonos reaccionó al alza, lo que demuestra que está lista para retomar el ascenso si no se sostienen las tendencias de fondo.
El déficit fiscal, un problema creciente
La colocación de deuda del Tesoro marcó los límites: los bonos a 10 años se distribuyeron a la tasa más alta desde 2007, y los de 30 años alcanzaron un rendimiento de 5,216%, el mayor en 25 años. El déficit fiscal de julio fue de 432 mil millones de dólares, el nivel mensual más alto desde marzo de 2021, y en los diez meses del ejercicio fiscal el rojo se acerca a 1,8 billones de dólares.
El Tesoro deberá financiar alrededor de 2 billones de dólares en el año fiscal que concluye en septiembre, en un contexto de creciente competencia por el gasto en inteligencia artificial y otros fiscos. Los bancos del mundo han dejado de comprar deuda soberana de largo plazo.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya sesgó las emisiones hacia letras del Tesoro, pero la parte larga de la curva se empinó, con la tasa de 30 años por encima del 5%. El Tesoro mencionó posibles cambios, probablemente atacando el tramo de 2 a 5 o 7 años.
Urge una poda del déficit fiscal, que no baja de 6% del PBI, pero Bessent no la tiene en sus planes. En ningún otro ítem de la agenda económica, menos sería realmente más.

