miércoles, agosto 12, 2026

El desgaste de Javier Milei se profundiza, pero el oficialismo sigue primero por la fragmentación opositora

Las encuestas de julio revelan un fuerte deterioro en la aprobación del Gobierno y un creciente malestar con la economía, aunque La Libertad Avanza conserva un núcleo electoral competitivo frente a una oposición sin liderazgo claro.

El gobierno de Javier Milei atraviesa la mitad de su tercer año de gestión con un escenario contradictorio: por un lado, los sondeos muestran un profundo pesimismo económico y una caída en la legitimidad; por otro, el oficialismo mantiene su condición de primera minoría electoral, sostenido por la fragmentación de sus adversarios.

Los relevamientos nacionales de julio, elaborados por QSocial, Giacobbe & Asociados, Zuban Córdoba & Asociados y el Monitor del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA, permiten aproximarse al humor social.

El informe de QSocial desmitifica la existencia de un voto puramente identitario e inmune a los resultados materiales. En ese estudio, la aprobación de Milei se estabiliza en un 34%, con una tolerancia social al ajuste del 33% y un piso de intención de voto del 31%. La regla parece matemática: por cada punto que cae la paciencia social con el rumbo económico, el voto potencial a La Libertad Avanza retrocede aproximadamente 0,9 puntos.

Esa estrecha dependencia de la percepción material explica los niveles de alarma que encienden otras consultoras al evaluar la economía personal. Para Giacobbe & Asociados, el 58% de la población afirma que la economía general está empeorando. En sintonía, el Monitor de la UBA ubica el juicio negativo de la situación económica nacional en un 59%, mientras que Zuban Córdoba registra que un 53,9% de los ciudadanos dicen estar directamente peor desde la asunción presidencial.

El análisis de Zuban Córdoba advierte una desconexión estructural: la recuperación económica no se implanta como un spot publicitario, sino que se siente o no se siente. Los datos de Giacobbe ratifican esta brecha: apenas una cuarta parte de los consultados manifiesta que la economía mejora y lo percibe en su vida cotidiana.

Los datos de julio exponen una paradoja: el Gobierno enfrenta un clima social adverso, pero conserva la condición de primera minoría electoral. El Monitor de la UBA indica que casi seis de cada diez argentinos desaprueban la gestión y una proporción idéntica prefiere un cambio de signo político en las próximas elecciones presidenciales.

En el informe de Zuban Córdoba, el rechazo a la gestión nacional alcanza su punto más agudo, con una desaprobación mayoritaria y una ciudadanía que considera que el país marcha en el rumbo incorrecto. Sin embargo, al trasladar el escenario a las urnas, La Libertad Avanza resiste en la cima debido a la profunda fragmentación de la oferta opositora y a la ausencia de una alternativa articulada que concentre el desencanto.

Si las elecciones presidenciales fueran hoy, el Monitor de la UBA ubica al oficialismo al frente en intención de voto, mientras que Zuban Córdoba lo posiciona con una base sólida, apenas disputada por el peronismo unificado. En escenarios polarizados, la paridad emerge: un balotaje hipotético entre Javier Milei y Axel Kicillof registra un estricto empate técnico.

Los estudios de Giacobbe muestran que las principales figuras políticas acumulan más rechazo que adhesiones. Mauricio Macri y Cristina Kirchner mantienen niveles elevados de imagen negativa, en un escenario marcado por una fuerte crisis de representación. A esto se suma que una parte importante de la sociedad conserva un fuerte rechazo al kirchnerismo, un factor que todavía sostiene la competitividad electoral del oficialismo.

Desafiliación política y desencanto

El principal fenómeno no es el traslado masivo de votantes libertarios hacia la oposición, sino el creciente desencanto con la política. Una parte de quienes acompañaron al Gobierno perdió entusiasmo o dejó de identificarse con su gestión por los resultados económicos, pero todavía no encontró otra fuerza política con la cual identificarse.

Esa sensación también aparece cuando se consulta a los encuestados qué emociones les genera el futuro del país. La esperanza sigue presente, especialmente entre los votantes más cercanos al Gobierno, pero convive con sentimientos como incertidumbre, tristeza, preocupación y bronca.

El estudio de Zuban Córdoba pone el foco en otro fenómeno que ganó espacio en los últimos años: la llamada manósfera. Se trata de comunidades que funcionan principalmente en redes sociales y que difunden discursos vinculados con el individualismo, la competencia económica, la defensa de una masculinidad tradicional y fuertes críticas al feminismo. Según la encuesta, este fenómeno dejó de ser marginal: una de cada cuatro personas consultadas utiliza diariamente estas plataformas para informarse o consumir contenidos sobre cuestiones de género.

El dato plantea interrogantes sobre el impacto de la violencia en las redes. Uno de cada cinco encuestados justifica, en algún grado, el acoso online contra mujeres que expresan críticas hacia determinados sectores políticos o ideológicos.

Sin embargo, el estudio también muestra límites claros para las posiciones más extremas. Más del 90% de los consultados considera que el voto femenino es un derecho adquirido que no está en discusión. El problema, según los especialistas, aparece en la progresiva aceptación de determinadas formas de violencia digital como mecanismo de presión contra quienes piensan diferente.

De cara a las elecciones, los estudios coinciden en mostrar un escenario en el que será cada vez más difícil conquistar grandes sectores del electorado con estrategias tradicionales. Con una sociedad atravesada por rechazos cruzados y un creciente desencanto, los partidos deberán concentrarse en conservar a sus propios votantes y evitar que se desplacen hacia otras opciones o directamente se alejen de las urnas.

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