miércoles, agosto 12, 2026

Crisis económica: el 35,5% de los argentinos recurrió a iglesias en busca de ayuda y el 45% lo hizo por necesidades materiales

Un informe de la UBA reveló que el 35,5% de los argentinos acudió durante el último año a una institución religiosa en busca de ayuda, y que entre ellos el 45% lo hizo por necesidades económicas, alimentarias o laborales. El dato refleja cómo la crisis profundiza el rol social de los templos.

La fragilidad del mercado laboral, el deterioro de los ingresos y el regreso de la pobreza a niveles cercanos al 30% configuran un escenario en el que iglesias y templos adquieren una función que excede lo estrictamente religioso. Según el Tercer Informe 2026 del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, elaborado por el Observatorio de las Creencias en Argentina (OCREAR) del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires (CBC-UBA), más de un tercio de la población buscó allí algún tipo de contención.

Cuando la necesidad material llega hasta los templos

El principal motivo de acercamiento sigue siendo el apoyo espiritual para atravesar momentos difíciles, seguido por la asistencia ante problemas de salud. Sin embargo, el dato que conecta directamente la religiosidad con la situación económica aparece entre quienes recurrieron a esos espacios: el 45% lo hizo para conseguir ayuda económica o alimentaria, capacitarse o buscar oportunidades de trabajo.

“Hoy vemos que 16% del total de la población encuestada se apoya en instituciones religiosas para la resolución de problemas de base material o económica y laboral, donde la problemática se acentúa fuertemente en segmentos con menor nivel de formación”, explicó Mariela Mosqueira, investigadora participante del estudio. Su colega Gabriela Irrazábal agregó: “En un contexto social desafiante, los templos continúan siendo lugares de referencia para miles de personas que buscan desde consuelo emocional hasta apoyo material”.

El sociólogo Agustín Pérez Marchetta, en diálogo con Ámbito, sostuvo que la búsqueda puede aparecer cuando otros mecanismos de asistencia dejaron de resultar suficientes: “Dentro de las religiones hay un apartado para dar amparo y abrigo a los más necesitados, quizá desde ahí las personas se acercan, tras haber agotado quizá otras instancias más familiares y de solicitud de préstamos bancarios/personales”.

Pobreza, trabajo precario y un horizonte de incertidumbre

Los números económicos permiten observar el trasfondo de esa demanda. Según una estimación del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA), la pobreza alcanzó el 30% en el primer trimestre de 2026, frente al 26,9% registrado durante el tercer trimestre de 2025. La indigencia, a su vez, avanzó del 6% al 6,5%. Los cálculos de ExQuanti estimaron que 14,6 millones de personas quedaron bajo la línea de pobreza y que unas 600.000 ingresaron a esa situación solamente respecto del trimestre anterior.

El deterioro no responde exclusivamente a la falta de trabajo. Entre el tercer trimestre de 2025 y el primero de 2026, la proporción de ocupados que integran hogares pobres aumentó del 18,1% al 20,6%, de acuerdo con el relevamiento de la UCA basado en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Uno de cada cinco trabajadores quedó así dentro de un hogar pobre, una señal de que conseguir empleo ya no garantiza necesariamente escapar de la vulnerabilidad económica.

La transformación del mercado laboral profundiza el problema. Los puestos que crecieron desde comienzos de 2025 fueron principalmente informales, tanto entre asalariados como trabajadores independientes. Al mismo tiempo, durante la administración de Javier Milei se perdieron 28.262 empresas con al menos un empleado y 341.396 puestos de trabajo formal, según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) recogidos por Ámbito. La tasa de creación de compañías, además, descendió hasta registros comparables con los de la crisis de 2001-2002, de acuerdo con C-P Consultores.

Es sobre esa incertidumbre que Pérez Marchetta colocó parte del resurgimiento de la búsqueda religiosa: “Frente al avasallamiento de los derechos laborales, sociales y políticos, la precarización de la vida, toma de deuda para gastos corrientes (a nivel nacional y familiar), el umbral de incertidumbre crece de manera considerable, haciendo que muchas personas se apoyen en metáforas de vida más espirituales”.

La búsqueda de respuestas en las religiones

La crisis introduce así una modificación sobre aquello que se busca dentro de una institución religiosa. La necesidad de creer convive con demandas mucho más inmediatas: comer, conseguir trabajo, afrontar una enfermedad o encontrar acompañamiento ante una situación económica difícil. Para Pérez Marchetta, esa convivencia expresa una tensión entre la lógica económica contemporánea y las formas tradicionales de construcción de sentido.

“En estos tiempos modernos la religión del futuro (la economía como esfera de sentido propia con el dios dinero y los preceptos de productividad y ganancia como leimotiv) viene ocluyedo cualquier tipo de posibilidad invidividual de realización personal. Frente a esto se vuelve a las religiones más clásicas y ya no se pide solo salvación divina, sino salvación material”, sostuvo el sociólogo.

Los datos de la UBA muestran, además, que el fenómeno no atraviesa de la misma manera a toda la población. Entre quienes tienen 50 años o más, el 45% solicitó alguna clase de ayuda en una institución religiosa durante el último año. La proporción descendió al 34% entre los jóvenes de 16 a 29 años y al 27,6% entre las personas de 30 a 49 años. La diferencia también aparece cuando se observa el nivel educativo: entre quienes no completaron el secundario, 42,8% recurrió a iglesias o templos, mientras que entre las personas con estudios superiores solamente 26,6% acudió a esas instituciones para solicitar ayuda.

Pérez Marchetta plantea que las condiciones materiales influyen sobre el abanico de alternativas disponibles, aunque advierte contra una lectura uniforme de la religiosidad de los sectores populares: “Si se puede pensar que hay distintos grupos comunitarios y según las posibilidades económicas, sociales y educativas cada uno tiene un repertorio distinto de posibilidades de existencia, concepción y creación. Muchas veces el tipo de religiosidad de sectores más humildes se podría pensar con mayor misticismo o fervor en la fe, pero eso es relativo y va depender siempre de quien lo mire y enuncie”.

La fe frente a una crisis que excede los ingresos

El acercamiento a los templos tampoco puede reducirse únicamente a una respuesta frente a la pobreza. La pérdida de estabilidad, la incertidumbre laboral y la dificultad para proyectar el futuro generan necesidades de contención que no siempre pueden medirse mediante el ingreso. En ese terreno, las comunidades religiosas ofrecen vínculos, pertenencia y una interpretación posible.

“Estas crisis económicas son terreno fértil para discursos religiosos mesiánicos. Muchos pasajes religiosos hablan de tiempos hostiles, apocalípticos”, señaló Pérez Marchetta. Esa capacidad de ofrecer explicaciones y esperanza puede convertirse en una fuente de acompañamiento, aunque también requiere observar las relaciones de poder que se construyen alrededor de quienes buscan asistencia en situaciones de extrema vulnerabilidad. “Las religiones gozan del monopolio de los bienes de salvación, es decir las autoridades religiosas son quienes imparten los dones espirituales así como la ayuda para que consigan el camino de la salvación. Si este poder se usa de manera abusiva puede resultar en ultrajes para con las personas”, advirtió el sociólogo.

El estudio del OCREAR, realizado sobre una encuesta probabilística nacional de 904 personas de 16 años o más, no permite afirmar que exista simplemente un regreso generalizado a la religión provocado por la situación económica. Sí muestra que más de un tercio de la población recurrió a instituciones religiosas buscando alguna forma de asistencia y una parte sustancial llegó con necesidades materiales concretas. En una economía donde crece el trabajo informal, el empleo pierde capacidad para garantizar ingresos suficientes y la pobreza interrumpió su descenso, los templos ocupan espacios que van mucho más allá de la fe. La búsqueda de salvación espiritual convive ahora, para miles de argentinos, con otra mucho más terrenal, la de encontrar comida, trabajo, ayuda económica y una red que permita atravesar la incertidumbre.

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