El Gobierno de Javier Milei anticipa una mejora económica en la segunda mitad del año, pero los datos oficiales y privados muestran un crecimiento que pierde capacidad de arrastre sobre el conjunto de la economía. Mientras el consumo no reacciona, la industria opera lejos de sus niveles previos, la construcción sigue golpeada por el freno de la obra pública y el empleo formal no repunta.
Una economía puede expandirse por el impulso de sectores altamente especializados y, al mismo tiempo, mantener estancados el consumo, el empleo o la producción industrial. Esa es la principal incógnita que abre el segundo semestre: si el crecimiento se traducirá en bienestar general o se consolidará una recuperación concentrada en pocos sectores.
Consumo: sin ingresos ni crédito
El consumo, motor tradicional de las recuperaciones, no logra consolidarse. Los ingresos de los hogares siguen condicionados por la pérdida de poder adquisitivo: el salario privado registrado cayó 3,5% respecto de noviembre de 2023, y el público, 17,3%. El crédito, que sostuvo a muchas familias, muestra signos de agotamiento.
Un informe del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO) advierte que la tasa de irregularidad de los préstamos familiares superó el 12%, la más alta desde la crisis de 2001-03. Siete millones de personas tienen problemas de calificación crediticia y más de una cuarta parte de los deudores están en mora. En billeteras virtuales, la mora “irrecuperable” llegó al 10,8% en marzo de 2026, cuadruplicando el nivel de inicios de 2025.
“Lejos de emplear el crédito como un mecanismo de inversión productiva, las familias argentinas recurren al endeudamiento para cubrir necesidades básicas”, señalan los economistas del CESO. Sin mejora sostenida del ingreso, el consumo difícilmente será el motor del segundo semestre.
Inversión: concentrada y con poco empleo
La inversión privada, otra apuesta del oficialismo, se concentra en sectores como petróleo, gas y minería, impulsados por el RIGI. Su impacto en el empleo es limitado: desde el inicio de la gestión, la actividad económica creció 5,5%, pero el empleo privado formal cayó 3,7%. Un informe del IPYPP muestra que la minería creció 17,1% y redujo 5% sus puestos formales; la intermediación financiera aumentó 4,5% y bajó 4,6% sus empleados.
Las economías regionales, en cambio, están en rojo. Según Coninagro, ocho de las principales están en situación crítica, incluyendo yerba mate, vino, arroz, hortalizas, algodón, maní, leche y mandioca, con doce meses consecutivos de caída.
Construcción: paralizada por el ajuste
La construcción perdió más de 100.000 puestos de trabajo desde el inicio de la gestión libertaria, según el IERIC. La obra pública cayó 81% en términos reales, según el Instituto Argentina Grande. El número de empleadores se redujo 24,2% respecto del máximo de 2008, y las empresas en grandes ciudades están en niveles mínimos de los últimos 20 años, incluso por debajo de la pandemia.
Si bien en mayo se registraron mejoras mensuales (despachos de cemento +3,5% e Índice Construya +1,9%), el sector sigue rezagado: las caídas interanuales son de 23% y 30% respectivamente.
Industria: capacidad ociosa récord
El Índice de Producción Industrial (IPI) del INDEC cayó 5,7% interanual en mayo y acumula una baja de 3,1% en el año. La utilización de la capacidad instalada fue de 58,4%, por debajo de mayo de 2025. Sectores como metalmecánica y textil operan con alta capacidad ociosa, mientras que el bloque energético sostiene el indicador gracias al procesamiento de petróleo.
La Unión Industrial Argentina (UIA) señala que la debilidad del mercado interno es la principal preocupación para una de cada dos empresas, seguida por el aumento de costos (21,3%) y la competencia de importados (15,6%). En las pymes, el 83% sufre caída de ventas y el 60% reporta retrasos en los pagos de sus clientes, un problema que un año atrás afectaba al 35%.
La industria manufacturera perdió más de 83.000 empleos registrados y 28.262 empresas desde el inicio de la gestión Milei. La Provincia de Buenos Aires es la más afectada, con 7.625 empresas menos, seguida por Córdoba (-4.647) y Santa Fe (-2.945).
Empleo: más informalidad y cuentapropismo
El empleo privado perdió más de 300.000 puestos registrados desde el inicio de la gestión. Según la EPH-INDEC, los asalariados registrados representan apenas el 44,6% de los ocupados, el nivel más bajo en años. El cuentapropismo y el empleo no registrado abarcan al 51,4% de los ocupados, y 4 de cada 10 trabajadores (8,5 millones) están en la informalidad.
El cuentapropismo femenino crece: pasó del 34% al 42% del empleo no asalariado entre 2012 y la actualidad. “Casi un 40% trabaja en comercio de alimentos y ropa”, detalla un informe de Fundar. “El problema no es solo el bajo crecimiento, sino la dificultad para transformarlo en empleo productivo y protegido”, señala el Observatorio de la Deuda Social de la UCA.
¿Quién sostiene el crecimiento?
El impulso económico proviene de sectores acotados: Vaca Muerta, minería, agroexportación e intermediación financiera. Son estratégicos para generar divisas, pero requieren poca mano de obra y tienen cadenas de proveedores reducidas. Un estudio del Observatorio del RIGI (UNSAM-CONICET) estima que los proyectos del RIGI generarán 8.196 empleos directos permanentes y 17.575 indirectos en la fase de operación, insuficientes para compensar la caída general del empleo formal.
La discusión de fondo es si el crecimiento del PBI podrá extenderse al conjunto de la economía o si, como hasta ahora, se apoyará en un puñado de sectores con escasa capacidad de arrastre.

