Un estudio reveló que el 63% de los alumnos tucumanos de tercer grado posee un celular personal, una cifra que supera el promedio nacional del 58,6% y ubica a la provincia segunda en el NOA, detrás de Catamarca (67%).
El informe “Celulares: ¿Prohibir o no prohibir?”, elaborado por Andrea Goldin (CONICET y Universidad Torcuato Di Tella), Martín Nistal y Tomás Besada (Argentinos por la Educación), midió el acceso de los niños a teléfonos móviles y analizó la evidencia científica sobre las restricciones escolares.
Los investigadores señalaron que, si se suman los dispositivos compartidos en el hogar, el acceso es aún mayor: a nivel nacional, otro 23% de los alumnos de tercer grado usa el celular de sus padres u otros familiares. En consecuencia, solo el 18% de los niños de ocho años no tiene acceso a un celular.
Prohibiciones en las escuelas: ¿sirven?
El análisis de investigaciones internacionales concluyó que las restricciones reducen el uso de los dispositivos y disminuyen las distracciones en clase, especialmente cuando los estudiantes no pueden acceder físicamente a ellos. Sin embargo, los autores advierten que aún no hay evidencia concluyente de que esas prohibiciones mejoren el rendimiento académico. Algunos estudios detectaron avances moderados en estudiantes con menores desempeños, pero otros no hallaron diferencias significativas incluso con restricciones estrictas.
El informe también plantea que eliminar el celular no garantiza que los alumnos concentren su atención en las actividades escolares, ya que pueden reemplazar esa distracción por otras conductas ajenas al aprendizaje.
Expansión de las regulaciones a nivel mundial
Según datos de la UNESCO citados en el estudio, la proporción de países que implementaron algún tipo de restricción pasó de menos de una cuarta parte en 2023 a cerca del 60% en 2026. Las modalidades varían: Francia, Países Bajos y Chile adoptaron prohibiciones generales; Brasil, Finlandia y Dinamarca autorizan el uso solo con fines pedagógicos y bajo supervisión; en el Reino Unido, cada escuela fija sus propias normas.
Los especialistas sostienen que el principal desafío no es solo restringir, sino desarrollar estrategias pedagógicas para enseñar un uso responsable. Consideran que la discusión debe centrarse en el papel de las nuevas tecnologías en la educación, no solo en si los celulares deben permitirse o prohibirse.

