En el marco de una crisis social que golpea al país, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, instó a fortalecer el compromiso con quienes sufren “el agobio de la falta de trabajo y la aflicción de la pobreza” como consecuencia de las políticas del gobierno de Javier Milei. Lo hizo durante la misa por el 50° aniversario del asesinato de los curas palotinos en la Iglesia San Patricio de Belgrano.
Durante la homilía, García Cuerva advirtió: “No queremos ser indiferentes, no queremos que nos ganen la crueldad y el individualismo”. También lamentó “el dolor de los enfermos, la soledad de nuestros abuelos, el sufrimiento de quienes están a la intemperie en las calles de la ciudad”.
Un informe de la Universidad Torcuato Di Tella, que contrastó datos del INDEC, reveló que la pobreza subió en el primer trimestre de 2026. En el semestre octubre 2025-marzo 2026, la tasa habría alcanzado el 30%, dos puntos más que en el período julio-diciembre de 2025 (28%).
Además, la informalidad laboral trepó al 44,2%, el nivel más alto registrado, afectando a 8,5 millones de trabajadores. En el último año, mientras el empleo total creció 1,1%, los informales aumentaron 6,4% y el empleo formal cayó 2,6%.
El mensaje del arzobispo colocó a la Iglesia en una posición crítica frente al clima social y político, aunque evitó menciones directas al Gobierno. Sin embargo, las referencias a la violencia discursiva y la desigualdad quedaron asociadas al estilo de confrontación que marcó la gestión libertaria.
Un crimen emblemático de la dictadura
La Masacre de San Patricio es uno de los episodios más representativos del terrorismo de Estado durante la última dictadura militar. Los cinco religiosos palotinos fueron asesinados dentro de la casa parroquial, donde aún se conserva la alfombra con manchas de sangre como testimonio.
García Cuerva recordó una frase del entonces cardenal Jorge Bergoglio: “Juntos vivieron y juntos murieron”. Y señaló que “su delito fue pregonar el Evangelio a destiempo, defender la vida y la dignidad humana”. Los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Dufau, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti fueron acribillados en la madrugada del 4 de julio de 1976.
“La alfombra roja manchada de sangre nos recuerda el costo de esa fidelidad. Cinco vidas, tres sacerdotes y dos seminaristas, que esa noche de julio vieron interrumpida su entrega por el odio y la violencia ciega. Y no fue la muerte de individuos aislados; fue el testimonio de una comunidad, de una fraternidad que incomodó al poder de turno porque vivía el Evangelio sin anestesia”, afirmó.
En 2005, Bergoglio impulsó la causa de beatificación de los cinco palotinos, cuyo testimonio perdura por su compromiso pastoral y defensa de los derechos humanos durante la dictadura.

