miércoles, julio 1, 2026

La CGT frena su plan de lucha y espera a Santilli mientras intenta resolver su interna

La CGT postergó la definición de su nuevo plan de lucha contra el Gobierno de Javier Milei, a una semana de haberlo anunciado. La central obrera aguarda el desembarco de Diego Santilli al frente del Gabinete nacional y busca resolver las fuertes tensiones internas que la atraviesan.

Según pudo saber este medio, recién para esta semana o la próxima está prevista una reunión de la “mesa chica” para sondear conflictos vigentes y evaluar posibles encadenamientos entre ellos. La incertidumbre reina en la central sindical, que había anunciado un escalonamiento de protestas por actividades, pero sin dar precisiones sobre el puntapié inicial ni los sectores involucrados.

La chance más concreta, a mediados de esta semana, apuntaba a los ferroviarios de La Fraternidad como posible mecha iniciadora. Su secretario general, Omar Maturano, fue una de las voces más duras contra el Ejecutivo y también criticó a la CGT por falta de voluntad de confrontación. Lo enoja tanto el rumbo del Gobierno como la multa de más de 21 mil millones de pesos que el Ministerio de Capital Humano le aplicó al gremio por adherir al paro nacional del 19 de febrero pasado. Maturano sostuvo que la central sindical le brindó escaso apoyo frente a esa sanción, que consideró una afrenta a todo el sindicalismo.

La posibilidad de que la CGT haga propia una acción de La Fraternidad busca aplacar ese enojo y, de paso, licuar el llamado de un sector de sindicatos liderados por el gastronómico Luis Barrionuevo a favor de un paro general de 36 horas. Barrionuevo hizo ese reclamo en un encuentro con una treintena de sindicalistas, en su mayoría leales a su liderazgo, a los que se sumaron Maturano y Roberto Fernández, de la UTA. El ánimo levantisco de Barrionuevo encuentra parte de su explicación en un fallo judicial que le negó el reconocimiento formal a su jefatura al frente de la Uthgra, en línea con la postura del Ejecutivo.

Por fuera de estos conatos de rebeldía, todo es confusión y desorden en la CGT. La nueva conducción tripartita de Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello no acertó hasta ahora con la forma de agrupar a todo el ecosistema sindical detrás de una propuesta uniforme. En ocho meses de gestión, solo pudieron llamar a un paro general que resultó decepcionante, y el Gobierno logró desmantelar las cautelares que la CGT había obtenido contra la reforma laboral. Además, el Ejecutivo apuró la renegociación de unos 800 convenios colectivos con cláusulas vencidas, bajo la amenaza de pérdida de prerrogativas y financiamiento.

En ese contexto, el nombramiento de Diego Santilli al frente del Gabinete nacional, manteniendo bajo su órbita el Ministerio del Interior y la relación con los gobernadores, fue la noticia más auspiciosa para el sindicalismo tradicional en los últimos meses. Desde la salida de Guillermo Francos, la CGT carecía de una interlocución válida. Santilli, con ADN peronista, se les apareció como una figura a valorar, aunque no hubo señal alguna de que se les acerque en el corto plazo.

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