Ana Cristina Nores dejó su carrera de periodista para formarse como sommelier y liderar la Ruta del Vino de Altura, una iniciativa que busca visibilizar la producción vitivinícola del Valle Calchaquí tucumano y potenciar el turismo en la región.
Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNT, Nores asumió el desafío desde el Ente Tucumán Turismo para construir propuestas turísticas que respeten la identidad de cada bodega. “Tomar a cargo el desarrollo de la Ruta del Vino de Altura fue un desafío y una gran responsabilidad”, señaló.
El vino tucumano, según Nores, se distingue por su intensidad, carácter y estructura, producto de las condiciones extremas del Valle Calchaquí, donde la vid crece a más de 2.000 metros de altura, con mucho sol durante el día y frío durante la noche.
La funcionaria destacó la reconstrucción de la Ruta 307, desde Tafí del Valle hasta Colalao del Valle, como una obra clave para conectar bodegas, paisajes y experiencias turísticas. La propuesta busca vincular el vino con otros productos y circuitos: los quesos de Tafí, el turismo arqueológico en la Ciudad Sagrada de los Quilmes, el turismo astronómico en Ampimpa, el turismo rural comunitario en Talapazo, El Pichao y Tiu Punco, y celebraciones como la Vendimia, el Inti Raymi y las ceremonias en honor a la Pachamama.
Nores reconoció que la caída en el consumo de vino es un obstáculo, pero también una oportunidad para posicionar al vino tucumano como alternativa frente al predominio mendocino. “El año pasado presentamos la Ruta del Vino de Altura en la Exposición Rural de Buenos Aires y fue un éxito total. A los tres días nos quedamos sin stock”, recordó.
Para la referente, hace falta una fuerte tarea de promoción y educación. “Muchas veces nosotros mismos no sabemos lo que tenemos y, por ese motivo, tampoco lo valoramos”, afirmó.
De cara al futuro, el objetivo central será fortalecer la articulación público-privada para que más visitantes lleguen a la Ruta del Vino y, a través de ella, a todo el Valle Calchaquí. Tucumán busca integrarse con Salta y Catamarca mediante corredores turísticos regionales, como el Valle Místico, que une el Valle Calchaquí con el Valle de Yokavil.
Nores también destacó el rol de las mujeres en el ecosistema vitivinícola tucumano: “Son la columna vertebral de la producción, la comercialización y el turismo”, sostuvo. Para la referente, el desafío no es competir copiando a otras regiones, sino defender una identidad propia. “Los vinos tucumanos son un fiel reflejo nuestro: tienen mucho carácter, estructura y sabor”, resumió.

