La Secretaría de Finanzas concretó esta semana una colocación de deuda por más de $8,5 billones, una cifra que supera largamente las necesidades inmediatas del Tesoro y que genera lecturas políticas y económicas en clave electoral. Más del 75% de los bonos emitidos vencen antes de los comicios presidenciales, en una maniobra que muchos analistas consideran parte del operativo de estabilización previa al proceso electoral.
📊 Tasas que desafían la inflación Los tres instrumentos más relevantes –con vencimientos en agosto, septiembre y octubre– pagarán intereses superiores al 2,5% mensual, en un contexto donde la inflación proyectada para ese período ronda el 2%. Es decir, se convalidaron tasas que superan las expectativas del mercado, apelando al atractivo de rendimientos reales positivos como anzuelo financiero.
🔁 Roll-over y cancelaciones estratégicas La operación implicó un “roll-over” del 295% del capital a pagar, lo que permite al Gobierno no sólo cubrir vencimientos previos, sino también cancelar deuda con el sector privado y posicionarse con liquidez reforzada. El secretario Pablo Quirno celebró el resultado como un paso hacia el saneamiento del perfil de deuda, aunque los críticos advierten sobre el alto costo de estos compromisos en plena transición política.
📉 La paradoja del exceso El exceso de colocación, en teoría beneficioso, también implica una futura carga de pagos concentrados en un corto lapso. Esto genera incertidumbre sobre cómo se gestionarán esos vencimientos en caso de que el contexto fiscal no mejore, o si la administración entrante decide revisar la estrategia.
🧠 ¿Estabilizar o aplazar el problema? La pregunta central no es cuánto se colocó, sino cómo se va a devolver. El uso intensivo de deuda de corto plazo con tasas altas plantea un dilema clásico: ¿se está estabilizando la macro o simplemente comprando tiempo hasta diciembre?